Camina por la calle
y dime si no sientes
que alguien te persigue
y te hace sentir mal,
y te hace sentir mal.
La imagen pasajera
de un sueño ya perdido,
te hace ver que es mentira,
ya todo terminó,
ya todo terminó.
Y sigue caminando,
y prendes un cigarro
que vive intensamente
mientras contigo está,
mientras contigo está.
Y cruzas por un
parque,
lo miras, te detienes,
te acuerdas de tus libros
y aquel viejo reloj,
aquel viejo reloj.
La hoja que se
muere,
te anuncia la llegada
del otoño que antes
a ti te vio nacer,
a ti te vio nacer.
Y así llega el
verano,
disfrazado de sueños,
que algunos se realizan,
y muchos quizás no,
y muchos quizás no.
Un barco que se
aleja
en busca de otros mundos,
te dice que hoy comienza
tu hora de vivir,
tu hora de vivir.
Letra
y Música: Litto Nebbia. En elepé (primer disco como solista): “Litto Nebbia”,
1969.
Litto
Nebbia (Rosario, 21 de julio de 1948).
Palabras
de Litto Nebbia: "Iba a cumplir 20 años, y la compañía discografía me
acusaba de arruinar un negocio impresionante por la separación de Los Gatos, yo
había empezado a grabar un disco solista mío con cuerdas, con orquesta, quería
hacer otro tipo de canciones, me pararon el disco y me dijeron ¿como le vas a
poner Litto Nebbia? Nadie se va a acordar de es nombre. Tuve una discusión
bizarra y asquerosa, y justo sale la oportunidad de esta película (“EL extraño
del pelo largo”), que el personaje cuadraba conmigo, vivía en una pensión,
pobre, que escribía canciones, me dan el guión, me dijeron tachá lo que te
parezca, y de las doscientas páginas taché ciento y pico. La película hablaba
de mi generación y estaba todo mal contado, no era así. Entonces arreglé
correrme de mi personaje, y conseguí que el que hacía de mi representante sea
el que se casara con Liliana Caldini, que era un bombón, por lo tanto me
facilitó que no tenga que hablar en la película. Canto cuatro o cinco canciones
en la película, que le empezó a ir muy bien en todos los cines, entonces la
compañía saca a regañadientes el simple de “Rosmery” y en una semana vendí 54
mil copias, ahí nace Litto Nebbia (…) “Voy el primer día de filmación, me
levanto a la mañana, me tomo 7, 8 ginebras para parecer un hombre, y llego con
mi pelo largo hasta los hombros, me llevan a maquillar, pero me dicen “Te vamos
a hacer un corte”, y me empiezan a cortar el pelo. Armo un quilombo total, me
pongo como un gato salvaje y les digo: ¿Pero esto no se llama “El extraño de
pelo largo”?, y el editor me dice “Si, pero no tan largo”.” (Fuente: de una
entrevista radial, s/r).
por un lado, el
deseo arbitrario e incomparable de poblar la oscuridad casi sin
recuerdo alguno.
poblar la soledad del alma, a lo que a veces se recurre al navegar la
vida, llenándola con algo que no puede ser comprendido.
en sí, el alma, para no degradarse, no aparece (en el supuesto de poder
ser comprendida).
ningún alma merece el castigo de la comprensión
manera de lanzarse,
vuelta,
y otra vez
tiene que lanzarse,
tiene que interpretar la pasión,
la pasión,
invertebrada,
la pasión.
TUTO
¿qué más cielo para
mi alma, el ave,
que tus labios, todo el derredor del mundo?
la realidad ante la
belleza luce efímera,
los pensamientos
aquellos deseos,
surcados en la diáfana noche
por los luceros que son acaso el olvido.
(parece ridículo
que la felicidad no exista, así, como tal
porque la antecede el universo mismo y luce quieta).
En:
“Antología Poetas Rock”, compilador Gustavo Álvarez Núñez, La Marca, 2003.
Luis Alberto Spinetta
(Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Por qué hoy, precisamente,
voy a sentir miedo, teniendo
la seguridad de que mamá nos cuida, como
hace tantos años, y
llora desde la puerta
porque estamos enfermos y vamos a morir.
–Mamá no lloraré
nunca
desde la puerta: hace frío
cuando alguien se enferma de cuidado
y puede morir–
Por qué hoy se me
ocurren
estas cosas tan consabidas; por qué
no hablo de la revolución social o del sufrimiento
anegado en una mujer
de quien su hijo está enfermo; del desarme de la ternura, de
las mareas, de los coches de plaza, de los
cereales, que más no fuera.
–Ah soledad que no
puedo
romper. Ah tristeza
aquerenciada,
dueña de tanta memoria–
Por qué hoy no
puedo estar alegre. Descuido
lo que tengo, no he sabido vivir, suelo
mirar la vida del otro lado de una puerta. Tengo
frío y ganas de vomitar, te hago
cosquillas en la palma de la mano
para que sonrías un poco, para que me olvides
un poco, para que sueñes un poco, para que saltes
un poco
dormida,
asombrada, lejos, mirando
desde la puerta.
Por qué hoy me doy
cuenta de que nunca he tenido
talento para el amor; por favor
una mano; por lo que más quieran,
si llegan a necesitarme, no se olviden de mí. Hoy no puedo
hacer otra cosa que esperar inútilmente
desconsolado, con rabia, con desidia, con miedo,
con vergüenza, con todo lo de siempre: la puerta un poco
entornada, cerca de allí, casi al alcance de la mano.
De:
“Del otro lado” (1960-1965). En: “Poemas”, Colección La Honda, Casa de las Américas,
Cuba, 1984.
Francisco “Paco”
Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió, combatiendo a la
dictadura militar, el 17 de junio de 1976.
Nueve meses antes de que muriera, le hice
un reportaje a Borges. Fue en el departamento de la calle Maipú. Supongo que
estaban Beppo, el gato, y Fanny, el ama de llaves. Fanny me hizo pasar y al
ingresar, de reojo y por la puerta a medio entornar, vi la habitación y la cama
que había sido de la madre de Borges, doña Leonor Acevedo. Pulcra y tendida,
con un edredón rosado al medio, como una tumba de dos plazas. Con olor a
matrimonio percudido, algo así. El viejo se asomó balbuceante y me extendió una
sonrisa, los dedos de filamentos. Lo tomé del brazo. Tenía las comisuras
húmedas y un bastón radiante, que extendía con ingravidez. También algo de
rancia nobleza en cada uno de los gestos, en la solapa del traje oscuro, en la
manera de sonreír al bies. No se manifestaba torpe, al contrario. Pero sí
disfrutaba de mostrar instantes de indecisión. Pensaba y evocaba en vivo, con
dilatada sabiduría, titubeando ante sus propias palabras. El fraseo: imaginé
que doblaba las páginas de una ajada enciclopedia en un día de viento,
avanzando y retrocediendo, leyendo por tramos. Hablamos. Le hice preguntas
idiotas, respondió cosas bellas. Transmití de ese encuentro un pésimo
reportaje, ostentoso, inteligente quiero decir. Se extendió en Almafuerte, en
López Merino, en poetas de La Plata, mi ciudad, que yo hasta ese entonces
buscaba negar. Hoy amo a Almafuerte, sigo negando a López Merino. Seguro que
nunca lo querré. Borges habló luego de unos versos de Evaristo Carriego,
desmintió a Kafka y también se mostró interesado por Matías Behety, otro de los
poetas fundacionalmente vinculados a mi ciudad. No sé qué le dije de la poesía
de Matías Behety. Algo ignorante, seguro. Luego Fanny le acercó una taza de té
y el viejo la bebió lamentablemente, con sorbos como chasquidos. Me despedí,
preguntó por el origen de mi apellido, y ya no recuerdo qué dedujo. Una
etimología vulgar, seguro. La olvidé. Eso fue todo. Ni una miserable foto del
encuentro. Ningún otro recuerdo memorable. Nada para destacar. A los cinco días
reproduje en "El Día" un reportaje opaco. Desvaído y sin vuelo. Es
una suerte, me repito siempre, poder seguir leyéndolo desde el balcón de los
que no lo tocaron ni lo compartieron. No, jamás estuve con él.
YO NUNCA CUIDÉ REBAÑOS…
Yo nunca cuidé rebaños,
Pero es como si los cuidase.
Mi alma es como un pastor,
Conoce el viento y el sol
Y anda de la mano de las estaciones
Siguiendo y mirando.
Toda la paz de la Naturaleza a solas
Vino a sentarse a mi lado.
Pero yo sigo triste como un crepúsculo
Para nuestra imaginación,
Cuando hace frío en el fondo del llano
Y se siente que la noche ha entrado
Como una mariposa por la ventana.
Pero mi tristeza es sosiego
Porque es natural y justa
Y es lo que debe haber en el alma
Cuando piensa que existe
Y las manos recogen flores sin que ella se dé cuenta.
Con un ruido de cencerros
Más allá de la curva del camino
Mis pensamientos están contentos.
Sólo tengo pena de saber que están contentos,
Porque, si no lo supiese,
En lugar de estar contentos y tristes,
Estarían alegres y contentos.
Pensar incomoda como andar bajo la lluvia
Cuando el viento crece y parece que llueve más.
No tengo ambiciones
ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Y si deseo a veces,
Por imaginar, ser un cordero
(O ser todo el rebaño
Para andar desparramado por la ladera
Siendo muchas cosas felices al mismo tiempo),
Es sólo porque siento lo que escribo en el crepúsculo
O cuando una nube pasa la mano por encima de la luz
Y corre un silencio más allá de la hierba.
Cuando me siento a escribir versos
O, paseando por los caminos o por los atajos,
Escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
Siento un cayado en la mano
Y veo mi silueta
En lo alto de un cerro,
Mirando mi rebaño y viendo mis ideas,
O mirando mis ideas y viendo mi rebaño,
Y sonriendo vagamente como quien no comprende lo que dice
Y quiere fingir que comprende.
Saludo a todos los que vayan a leerme
Quitándome el sombrero desde lejos
Cuando me vean a mi puerta
Mientras la diligencia se levanta en lo alto del cerro.
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia, cuando lluvia es precisa,
Y que sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten, leyendo mis versos.
Y que al leer mis versos piensen
Que soy cualquier cosa natural,
Por ejemplo, el árbol antiguo
A cuya sombra cuando niños
Se sentaban de golpe, cansados de jugar,
Y limpiaban el sudor de la cabeza ardiente
Con la manga del delantal rayado.
Alberto
Caeiro, “El pastor”.
En:
“Poemas”, Fabril Editora, Buenos Aires, 1978. Traducción: Rodolfo Alonso.
Por consejo del hechicero, talló una
figura de madera con la forma exacta de su enemigo. La quemó en el campo, de
noche, bajo la luna. Atraído por el resplandor de la hoguera, su enemigo lo
descubrió y lo mató de un lanzazo.
EL
CUENTO DE LOS TRES DESEOS
El primer
deseo se pierde en tonterías por culpa de la incredulidad. El segundo
dispara el horror. El tercero anula los dos anteriores y se vuelve al estado
original. Magia posible pero no comprobable, viejo recurso de la ficción.
EN
MATERIA DE GUSTOS
Cuando un hombre no me gusta, lo mato y se
lo dejo a los buitres y las hienas. Cuando me gusta, me lo como, dice la leona.
En:
“Botánica del Caos”, Página 12, 2004.
Ana María Shua
(Buenos Aires, 1951). Foto: AMS en FB.
Letra
y Música: Luis Alberto Spinetta. Guitarra y Voz: Spinetta. Batería: Rodolfo
García. Bajo: Daniel Ferrón. Arreglos de cuerdas: Claudio Cardone interpretadas
por Kashmir Orquesta.
Luis
Alberto Spinetta (Buenos Aires, 1950 – 2012).
Siempre que salgo
tengo al lado un monitor
y no se quién está aquí.
Alguien me llama por el maldito amor
y no sé quién está aquí.
No conozco a nadie
y todos saben de mí
pero es así
porque siempre estoy en Fantasy.
Cuando estoy solo
ya no sé por quien vivir
porque nunca estás aquí.
Ya mis pies
congelados
llegan hasta mí
porque nunca estás aquí.
No sabes de nada
y todos hablan de ti
pero es así
porque siempre estás en Fantasy.
Fantasy es un lugar
del que nadie puede regresar,
del que nadie puede regresar.
Fantasy es ilusión
porque nunca hay nadie alrededor,
porque nunca hay nadie alrededor.
No conozco a nadie
quisiera verte a ti
pero es así
porque siempre estás.
Fantasy es un lugar
del que nadie puede regresar,
del que nadie puede regresar.
Fantasy es ilusión
porque nunca hay nadie alrededor,
porque nunca hay nadie alrededor.
En
elepé “Cómo conseguir chicas”, 1989.
Charly
García (Buenos Aires, 23 de octubre de 1951).
Lo que la vida se olvidó de repartir,
está en tus manos.
Porque no es cierto
que la vida pase así, sin avisar.
Por eso el árbol se calló,
y nunca se quebró,
y la armonía de la tarde,
vislumbró su fe.
En la rutina del dolor, seguramente,
anda la vida.
Para que uno
pueda explicar lo que imagina.
Enajenado, sin saber,
casi embrujado, sin querer,
el alma se despliega por ahí.
Está en tus manos,
tan simple así.
Sólo en tus manos,
está el camino
para empezar a vivir.
L y
M: Litto Nebbia (Rosario, 21 de julio de 1948).
Montañas de pálido
púrpura borradas en las tardes de niebla
Y manchando los
bordes del cielo.
He ascendido al
viejo Shasta y helado mis manos en su nieve
De verano.
He descansado a la
sombra del Popocatepetl y me murmuró
De audaces
empresas.
Miré hacia los
Pyrenées y sentí el deleite de tibias y
Exóticas noches.
Dormí a los pies del
Fujiyama y soñé con leyendas y muerte.
Y he visto otras
montañas elevarse desde los pantanos, igual
Que los pechos
erguidos de una esbelta doncella.
¡Quién conoce el
misterio de las montañas!
Algunas de ellas
son terribles, otras son sólo solitarias.
…
En:
“Dos siglos de poesía norteamericana”, Ediciones Antonio Zamora, 1969.
Selección y traducción: Alfredo Casey (Chascomús, provincia de Buenos Aires,
1917 – 2008).
Arna Bontemps (Arnaud
Wendell Bontemps, EEUU, 1902 – 1973). Foto: AB por Carl Van Vetchen, 1938.
En:
“Dos siglos de poesía norteamericana”, Ediciones Antonio Zamora, 1969.
Selección y traducción: Alfredo Casey (Chascomús, provincia de Buenos Aires,
1917 – 2008).
Langston Hughes
(EEUU, 1902 – 1967). Foto: LH por Carl Van Vetchen, 1936.
Como el temblor de
las pestañas de una mujer negra
Que retiene sus
lágrimas.
En:
“Dos siglos de poesía norteamericana”, Ediciones Antonio Zamora, 1969.
Selección y traducción: Alfredo Casey (Chascomús, provincia de Buenos Aires, 1917
– 2008).
Lewis
Alexander (Washington DC, EEUU, 1900 - 1945). Foto: LA.
Era un obrero de la construcción, con
veinte años de trabajo honrado. Era un hombre digno, viril, severo. Cuidaba las
formas, el gesto, la palabra y tenía ese pudor criollo que niega celosamente
las intimidades.
Un día en plena jornada, se agachó a levantar
cinco ladrillos y se le escapó un pedo.
Soltó los ladrillos y se irguió
avergonzado. Miró en torno, observando a sus compañeros, y comprendió que nadie
había advertido el accidente. Pensó en ese momento que, al fin y al cabo,
aquello era cosa humana, y que también el mofletudo propietario para quien
estaba edificando esa casa podía vivir un trance parecido. Tuvo como un
relámpago de rencor y de ironía.
Sonrió tranquilizado.
Se agachó lentamente, retomó los ladrillos
y soltó otro pedo.
Y esta vez, con destinatario.
En:
“Lo corrieron de atrás”, Editorial Minerva, Buenos Aires, 1974.
Enrique Wernicke
(Buenos Aires, 1915 – 1968). Foto: Enrique Wernicke en blog de María Wernicke.
Tal vez no ha sido
la fortuna quien nos ha recorrido
en estos días
cortos en la tierra
pero nosotros
necesitamos de cara a esa risa
encontrar oro.
LA JUVENTUD
Como un globo de
cumpleaños
que dice Feliz
Cumpleaños
y cabecea
exangüe
en una calle
adoquinada
después que
todo ocurrió
y sucede
que dura más
de lo que dura
para lo que fue
creado
su persistencia es
casi un escándalo
que se debe ocultar
porque
incomoda a todos
los que
a él se aferraron
y ahora con
tozudez
lastimosa
arrastra su deseo
de perdurar
un poco más
él
que fue felicidad
es menos
que nada.
LA MEMORIA
Es olvido. Es
polvo.
Es un hálito de
humo
que apenas vela
lo que habrá de
venir.
Pero no lo cubre
ni lo impide
ni lo impregna.
Se resigna
a caer
como una lluvia
tenaz
acaso fría.
Que todo lo moja
y lo estropea.
Todo se desploma en
ella.
Hasta la luz
de lo que fue.
Entramos
en su intemperie
sólo para comprobar
que no hay modo
de ser
más que ser aquello
que
se pierde en ella.
En su muelle manera
de esfumarse.
EL HOMBRE
Reducido a cenizas
el hombre pesa.
Arrojado a las
aguas
el hombre encuentra
su lugar.
Esparcido a los
vientos
triturado por
la gramilla y las
raíces
del campo
el hombre
alcanza su
estatura.
El hombre podrá ser
una sombra.
Su voz perderse
entre las
multitudes.
Ser apenas
presente.
Podrá no haber más
que ese destello
en toda oscuridad.
Pero brilla.
EL POEMA
Este poema se
escribe para que lo leas
a vos está dedicado
a vos te habla
y por eso se
despliega aquí
como un agua
al encuentro de una
sed
que ella adivina.
Ésta es mi voz
tiene las
inflexiones
que conoces
las palabras que yo
elijo a menudo
para decírtelas.
Nada nuevo ni
distinto.
Pero que hace
nacer esto que acá
murmura como algo
que no sabe su
destino
y que aún así
confía.
Busca encontrarte
busca llegar a un
lugar tuyo
para allí perderse
y hablar con
verdadera voz
como esa agua que
sacia.
Éste es el poema
que va
a tu encuentro
hablándote.
Al cabo somos esto
que pervive
de nosotros.
Poemas inestables
VI
LO NUESTRO
3.
Lo disperso que
nuestra desidia olvida
persiste y entibia
el hogar que
habitas.
Una mañana es
apenas un instante
pero se abisma
hacia los días y las noches
en que tu porfiada
energía los guió
hacia este presente
de amoroso silencio.
Dejo sobre la mesa
todo lo que tengo
y tal vez se pierda
un momento después
y nadie sepa lo que
ha sucedido.
Somos olvido y
disolución.
Pero nuestros
cuerpos portan
la confianza de
quienes fueron juntos
y eso alcanza
en la luz de un
desayuno tardío.
Los
poemas fueron seleccionados por Néstor Mux. Hace unas horas, en casa,
compartimos vino y calor junto a la parrilla. Néstor me dejó el libro de Gaya,
en el índice estaban marcados con tinta negra aquellos poemas que, por el
motivo que sea, le habían atraído más. Simplemente tuve que tipearlos. Mux
contó lo cordial y amistoso que Gaya estuvo en una lectura que hizo en Berisso,
en un ciclo organizado por Griselda Eustratenko. Aquí me planto.
En:
“Lo efímero y otros poemas inestables”, Ediciones En Danza, 2009.
Miguel Gaya
(Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, 1953). Foto: MG en FB.