martes, 13 de octubre de 2015

Jaime Luis Huenún, 6 poemas de Puerto Trakl




(1)
Bajé a Puerto Trakl entre neblinas.
Buscaba el bar de la buena suerte
para charlar sobre la travesía.
Pero todos vigilaban la estrella polar en sus copas,
mudos como el mar frente a una isla desierta.
Salí a vagar por las calles con faroles rojos.
Las mujeres se ofrecían sin afecto, fragantes y cansadas.
“A Puerto Trakl los poetas, vienen a morir”, me dijeron
sonriendo en todos los idiomas del mundo.
Yo les dejé poemas que pensaba llevar a mi tumba
como prueba de mi paso por la tierra.


(2)
"Y si vienes a morir a Puerto Trakl,
no bebas de mi vino", dijo el tabernero.

Este bar no es la morgue de los ángeles
ni el cementerio de los fantasiosos.
Muchos hombres han cruzado el océano
por un jarro de cerveza, por una copa
de ginebra caliente.
Nadie aquí tiene patria ahora, y navegar
cansa más que la nostalgia y el amor.
Escucha, sólo escucha el estruendo del oleaje,
mientras el mirlo clama
entre las ramas y el viento.


(4)
Como una manera triste de predecir
miro el paso de las nubes sobre el puerto.
Sé que mi suerte no está
en ninguno de esos nimbos que regresan al mar
movidos apenas por el viento de la literatura.
"Profetizar me asquea" podría decir
y, sin embargo, allá va mi vida
sobrepasada por pájaros que llevan
todo el tiempo del mundo entre sus alas.


(6)
Fumando en el muelle desierto
recuerdo a mis hijos,
apenas alumbrados por el sol de este anillo.
Mi paternidad se ha ido a pique;
el mercado está desierto frente a mí.
Un corazón apátrida late en esta fuga
hacia la isla prometida.
El amor ha abierto una oscura puerta
por donde paso
                        inclinándome.


(8)
Bebimos el vodka de madame “Su”
en el hotel Melancolía.
Nos habló de sus novios,
su vejez,
y de unos gatos perdidos en el puerto.
La noche llegó desde un poema de Trakl
que ella guardaba en la memoria.
Alzamos nuestras copas y, sin prisa,
cada cual volvió a su propia
y cotidiana decadencia.


(12)
Vi las flores morir en el mar
quemadas con la sal del horizonte.
Rosas de puerto lanzadas por una mujer
al oleaje furioso.


En: “Puerto Trakl”, LOM Ediciones, Santiago, 2001.
Jaime Luis Huenún (Valdivia, Chile, 1967). Poeta mapuche-huilliche.
Foto: Jaime Luis Huenún.

lunes, 12 de octubre de 2015

Jaime Luis Huenún, 4 poemas de Puerto Trakl



(20)
Como un cantante de ferias y cantinas
repitiendo siempre las mismas canciones,
declamo poemas al océano.
El oleaje apaga el rumor de mi voz,
y la espuma salpica estos papeles
como un escupitajo de las rocas y el agua
a mi vanidad.
Entonces imito el gesto del cantante
cuando extiende la guitarra al público y le dice:
"no quiero aplausos, sólo monedas,
no quiero aplausos, sólo monedas”.


(22)
La frontera del puerto está en tus ojos:
el horizonte y el sol
                                   en una botella vacía.


(24)
Ninguna mano despide tus ojos,
ninguna piel aguarda tu regreso.
Tu nombre, lo sabes, es una moneda
tirada con furia a los sitios eriazos.
Recuerdas la nieve cayendo a los pinos,
ahora que deambulas al garete por un puerto
nublado y solitario, tenebroso y ficticio.


(25)
Ebrio me despide Puerto Trakl
con el alba mojando mi cabeza.
Sin dinero, sin amigos y sin reputación
vuelvo a mis antiguos días.
La pequeña mañana abre sus puertas.
Los tugurios donde beben poetas y pescadores
quedan para siempre atrás.



En: “Puerto Trakl”, LOM Ediciones, Santiago, 2001.
Jaime Luis Huenún (Valdivia, Chile, 1967). Poeta mapuche-huilliche.
Foto: Jaime Luis Huenún.   

viernes, 9 de octubre de 2015

Daniel Tevini, Lloviznas que en las brisas se abanican



PALABRAS DE TADZIO AL REGRESAR A VENECIA

Vengo de aguas
de espejos estancados
tan mórbidos
            sudorosos
de diluvios y ademanes
son lloviznas que en las brisas se abanican

No puedo darle tierra
ni fuego
ni tan sólo aire
Mi destino no se reconoce
en los otros elementos de mi especie

Vengo de aguas
y voy a él
evaporándome




En: revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número doble 05/06 verano otoño de 2007. Director: José María Pallaoro.
Daniel Tevini (Buenos Aires, 1962). 

jueves, 8 de octubre de 2015

Serguei Esenin, No te aflijas



HASTA LUEGO…

¡Hasta luego, amigo mío, hasta siempre!
Querido, en mi pecho siento tu latir…
La separación destinada por el tiempo
promete el reencuentro en el porvenir.

Hasta luego, amigo mío, sin mano, sin palabras,
no te aflijas, no guardes rencor,
morir no es nuevo en esta vida,
pero tampoco es más nuevo vivir.

Diciembre de 1925.


Es el 27 de diciembre de 1925, y Esenin, solo en un hotel de Leningrado, se corta las venas y escribe, con sangre, su último poema.
En: “Diez poetas rusos del Siglo de Plata, Blok, Pasternak, Maiakovski y otros”, CEAL, 1983. Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski. 
Serguei Esenin (Rusia, 1895 – 1925).  Foto: SE en 1914. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Boris Pasternak, La vela ardía sobre la mesa


LA NOCHE DE INVIERNO

La ventisca barría toda la tierra,
y los confines todos.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Como enjambre de moscas en el verano,
atraídas por el fuego,
así se juntaban los copos de nieve
en la ventana.

La ventisca pegaba sobre el cristal
círculos y flechas.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Al cielorraso iluminado
caían las sombras.
Brazos cruzados, piernas cruzadas,
y los destinos cruzados.

Y caían dos zapatitos
al piso, con ruido.
Y goteaban lágrimas de cera
desde el candil al vestido.

Y todo se perdía en la nevada bruma
canosa y blanca.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Del rincón el aire movía la llama,
y el ardor de la tentación,
como un ángel, dos alas grandes
alzaba cruciformes.

La ventisca barría todo febrero,
y frecuentemente
la vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.



Poema incluido en la novela Doctor Zhivago, 1957. En: “Diez poetas rusos del Siglo de Plata, Blok, Pasternak, Maiakovski y otros”, CEAL, 1983. Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski.
Boris Pasternak (Moscú, Rusia, 1890 – Peredélkino, 1960). Foto: BP en 1948.

martes, 6 de octubre de 2015

Osvaldo Lamborghini, Todavía mi Infancia viene a buscarme




Tres veces en la noche
sonaron las campanas
mientras mi Infancia
recorría
tierras extrañas.
Porque todavía
todavía mi Infancia
viene a buscarme
con un galope en las piernas
y en sus labios
una sonrisa salvaje.

Cuando anda por ciudades
para que no la vea la gente,
mi Infancia
se disimula en el demoníaco aire.
Porque ella es muy linda
muy suave y muy frágil
y tiene miedo
de las gentes grandes.
Me viene a buscar
a mi cuarto de sueños
y me cuenta
que con una hoja de palmera
navega los mares
como atraviesa las selvas
deslizándose por los árboles
Después
entre lloriqueos me cuenta,
sentada sobre mis rodillas
que un niño casi la atropella,
con su bicicleta
y cómo en un río, una anguila
la azotó con su cola eléctrica.
Mi Amor, entonces
le cura las heridas
porque con su presencia
mi cuarto de sueños
se convierte en un Valle de Vida.
¡Mi Infancia, mi Infancia!
Con un galope en sus piernas
todavía viene a buscarme.




En: “Poemas 1969 – 1985”, Mondadori, 2012 (primera edición 2004).
Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940 - Barcelona, 1985).
Foto: Osvaldo Lamborghini en Il Manifesto, Edizione del 6 ottobre 2015. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Vladímir Maiakovski, Un nocturno con caños de desagüe



¿Y USTED PODRÍA?


Barrí de golpe el mapa cotidiano,
echando la pintura de un vaso;
mostré en la fuente con gelatina
los pómulos oblicuos del océano.
En las escamas del pez de hojalata  
leí llamados de labios nuevos.
Y usted,
¿podría tocar
un nocturno
con la flauta de los caños de desagüe?

1913


En: “Sobre los poetas y otros poemas”, CEAL, 1988. Traducción: Irina Bogdaschevski.
Vladímir Maiakovski (Rusia, 19 de julio de 1893 – 14 de abril de 1930). 

jueves, 1 de octubre de 2015

Marcela Predieri, Ella defiende con garras


FEMINISMO A LA MANERA DE M. P.

Ella quiere que la sostengan
Y defiende sus derechos
             (de eso no hay duda)
El derecho a que le abran la puerta
               a pasar primero
           derecho a la caricia
El derecho a que la dejen llorar
                  a que la abracen pronto
el derecho a ser más débil
            y débil con ganas
                         si acaso se le antoja

Ella defiende su derecho
    a que le paguen un café
           si intentan seducirla
   el derecho a decir basta
               a reclamar una sonrisa

Ella defiende su derecho
            a subir primero al colectivo
            a bajar última
            y a que le tiendan una mano
                         a su paso frágil de tacones

El derecho a que acepten su bofetada
           y a la impotencia de no poder más
                        que quebrarse ante el insulto

Ella defiende con garras
      el derecho a ser parte de su hombre
apenas
            delgada
                        invisible a su costado
la costilla de Adán
                      que lo sostiene





Marcela Predieri (Buenos Aires, 1960). Vive en Mar del Plata.
En revista de poesía de las cuatro estaciones El espiniyo, número doble 05/06, verano otoño de 2007. Director: José María Pallaoro. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Osvaldo Picardo, Todas las ciudades




Esta ciudad fue construida
sobre las ruinas de otras. Hubo
una Costa Galana

y un saladero portugués
con una capilla colonial
que aún se conserva.

Dicen
hay fotos para probarlo
que también fue Biarritz.

Esta ciudad inventa otra ciudad.
John Berger escribió que
“el último día del año

todas las ciudades
tienen derecho a disfrazarse.
Marrakesh puede impunemente

vestirse de París. Madrid puede
imaginarse libre. Trinidad volar
el Banco de Inglaterra”.

Y cuando llega el verano
también la nuestra
manda a hacer su disfraz.

Y obedecemos una vez más.


En: revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 04, otoño invierno de 2006. Director: José María Pallaoro.
Osvaldo Picardo (Mar del Plata, 1955).

lunes, 21 de septiembre de 2015

Rodolfo Godino, Los infinitos milagros




Por tener el corazón expuesto
lo que muchas veces quiebra la garganta
y engendra opresión o induce al llanto
quedé impedido junto al delgado tilo de vereda
en el primer día de octubre,

mes generador que abre
levísimos brotes, claras, casi líquidas hojas
que anuncian a quienes puedan ver y oír
los infinitos milagros que en pocas horas
comenzarán a caer sobre la tierra.



En: revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 03, primavera de 2005. Director: José María Pallaoro.
Rodolfo Godino (San Francisco, Córdoba, 1936 – Buenos Aires, 2015).

viernes, 18 de septiembre de 2015

Orlando Van Bredam, Hundimos el cuchillo en el mismo poema ajeno



SECTA LITERARIA

          Nos reunimos secretamente los jueves por la noche. Encendemos cuatro velas negras, descorchamos el vino del ritual y como en una letanía leemos nuestros versos. La ceremonia alcanza su mejor momento cuando todos a la vez hundimos el cuchillo en el mismo poema ajeno. Aplastamos cada una de sus palabras con ferocidad, como si se tratara de infames termitas capaces de devorar nuestra gloria de aldea.
          A veces, no siempre, también sacrificamos a algún poeta. Con su sangre regamos nuestro altar. Hacia el amanecer, limpiamos la zona sagrada. No dejamos un solo rastro. Pero no es fácil: el poeta se empecina en sonreírnos, tres días más tarde, desde las páginas del Suplemento Literario.




En “El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo”, Edición de Laura Pollastri, Menoscuarto, 2007.
Orlando Van  Bredam (Villa Marcial, Entre Ríos, 1952). Vive en El Colorado, pequeña comunidad de la provincia de Formosa.
Pintura: “Un rincón de la mesa” (Un coin de table), óleo sobre lienzo, Henri Fantin Latour, 1872. Verlaine, Rimbaud y otros poetas amigos.

martes, 15 de septiembre de 2015

Horacio Castillo, El último aire que me queda




LA MÁQUINA DE PICAR ALMAS

Soplo con el último aire que me queda
y la corriente que se forma boquea
y aventa: lo que tuvo peso, lo que tuvo forma,
lo que se hizo sutil para evitar lo sólido.
Fracciones de armonía hacia futuras combinaciones,
levadura de alma en el altar vacío.



En Revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 01, otoño 2005. Director: José María Pallaoro.
Horacio Castillo (Ensenada, 28 de mayo de 1934 – La Plata, 5 de julio de 2010).
Más poemas de Horacio Castillo en POESÍA LA PLATA.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Osvaldo Ballina, El buen dios




Rompí el hielo con el hacha
hasta dar con el agua.
Hundí la cabeza en el pozo
y abrí bien los ojos.
Tampoco allí estaba
el buen dios.
Sólo lo eterno y la espera.



En Revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 01, otoño 2005. Director: José María Pallaoro.
Osvaldo Ballina (La Plata, 1942). Poeta.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Santiago Espel, Para hacer una carambola se necesitan tres bolas


EL POETA INTENTA EXPLICAR LOS SECRETOS
DE SU ARTE JUGANDO AL BILLAR

Para hacer una carambola se necesitan tres bolas.
Para armar un poema se necesitan tres palabras.
Con tres palabras se puede lograr un verso.
A partir de un verso se puede lograr otro verso.
Sin tres bolas no es posible una carambola.
Sin tres palabras no es posible un verso.
Sin versos el poema es imposible.
El jugador arma las sucesivas carambolas.
El poeta ejecuta con su golpe cada verso.
Carambola y verso requieren de idéntica precisión.
Sin precisión no hay verso ni carambola.
Sin el efecto preciso la carambola fracasa.
Sin las palabras precisas el verso es impreciso.
Una carambola no se puede armar con tres palabras.
Un poema no se logra con el golpe de tres bolas.


En Revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 03, primavera-verano 2005/06. Director: José María Pallaoro.
Santiago Espel (Buenos Aires, 1960). Poeta.  

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Luis Benítez, Dame un poema


EL POEMA DE HIERRO

Dame un poema de hierro que restalle
sobre las vacías cabezas y una mano firme
en la muesca de la antorcha, un poema
de sangre y de huesos impacientes
y la pluma de carne firmando sentencias
en las culposas mentes de los jinetes locos;
que convierta en sal a los cobardes,
un poema de hierro oxidado y torvo
paleteando en el estanque a medianoche,
cuando ni los muertos sueñan con la aurora.
Un martillo de palabras para dejar al mundo
con las cuencas vacías; rabioso ademán,
piedra encendida en la boca de los que duermen
mientras el agua sube en el Gran Cuarto Esférico;
un puñetazo en el sexo de la muchacha arrodillada,
idiota, paciente humanidad, que no ve, que no oye,
sólo conversa con las cenizas de sus dioses muertos.


CÉSAR VALLEJO

Por los corredores de la imaginación ir caminando,
libre y solo para siempre, como cuando era
y no sabía que era un niño,
hasta olvidar que estoy imaginando.
Que esta carne pesada, que orina y suda,
en una o dos ideas se resuma
o vuelva bien atrás, a esa casi nada
que casi nada ve en su cielo nublado.
Devuélveme al chimpancé o hazme sólo literatura,
mas no me dejes la condición de hombre.
Eso que todo lo pesa en mí
afuera no pesa nada.


REVELACIONES

Alexander Graham Bell arrojó al futuro
Esta pequeña cosa que llevo en el bolsillo,
Que me espera paciente en un rincón de la casa,
Que me acecha silenciosa todavía en la oficina:
Ha colonizado el mundo con voces que no son suyas
Y nos obliga ruidosamente a contestarlas.
Contengan la noticia horrenda o la venganza que nos dibuja
Un rictus que no reconoceremos nunca ante los otros;
Sean el aguijón de nuevas urgencias o breves palabras
Que serenan y apaciguan, él las trasmite igual
Que a la cobarde amenaza que no tiene un rostro,
Los saludos inútiles en cada aniversario o el estúpido
Intento de vendernos interminablemente algo.
Indiferente a lo que dice su micrófono,
Lo lleva a miles de kilómetros para que inevitablemente lo reciba alguien,
Como un bombardero atento sólo a la puntual
Entrega de su carga que cambia las cosas para siempre.
Quizá su placer desde hace un siglo sea engañarnos
Creyéndole que hablamos con los vivos,
Cuando al teléfono exclusivamente lo hacemos con fantasmas.


NADIE SABE DÓNDE ESTUVIMOS

toda la tarde llovió
y nadie sabe dónde estuvimos
de ahora en más me quedaré en tu sombra
viviré el fin de las estaciones cuando
el insecto retorna a su estado de larva
listo para creer que cada uno que anda
por la calle es uno que yo conozco
pero yo me quedaré en mi cuarto
hecho de tu sombra
en una habitación oscura
donde la muerte es una paloma mensajera
donde entro en esa pobre tan mínima luz
sea como eso sea


Foto: Alejandro Moritz / Télam.

martes, 1 de septiembre de 2015

Osvaldo Ardizzone, Alejandro del Prado, Saloma y La casa del vecino


LA CASA DEL VECINO

Yo sé que todos envidian
la casa de mi vecino
que tiene el techo de tejas
y el parque con viejos pinos

Yo sé que todos envidian
la casa de mi vecino
con el estanque y el agua
y su rumor cantarino
y en el frente ventanales
con los tapices más finos

Yo sé que vos suspirás
por la casa del vecino 
mas yo nunca he visto a nadie
caminar entre sus pinos
ni bandadas de purretes
con gritos y carcajadas
ni muchacha enamorada
que se asome a los canteros
a recoger unas flores
que quedaron olvidadas

Por eso, aunque nuestra casa
no tenga parque ni pinos
tiene el eco de las voces
de todos los que vivimos
y esta noche volverán otra vez
muchos amigos
y habrá una mesa muy larga
y aromas en la cocina
y cantaremos canciones
tomaremos todo el vino

Que yo nunca oí cantar
en la casa del vecino


En LP “Canciones de Buenos Aires”, Saloma, 1977. Saloma es: Alejandro del Prado (voz, guitarra, piano, sintetizadores, percusión y batería); Cristina Ghione (voz y flauta traversa); Hugo Romero (voz y guitarras); y Jorge Santiago (bajo y sintetizador). Nombre del grupo sugerido por Raúl Carnota: verbo “salomar”, “cantar trabajando”.
Letra: Osvaldo Ardizzone (Osvaldo Bramante, 1919 – 1987). Poeta.
Música: Alejandro del Prado (1955).

viernes, 28 de agosto de 2015

Arseni Alexandrovich Tarkovski, Allí, al margen del mundo


DÍA DE INVIERNO

Lo he soñado y ahora sueño,
y lo soñaré también alguna vez,
todo volverá a ser y llegará a encarnarse
para que usted sueñe lo que yo soñé.

Allí, al margen del mundo, a nuestro costado
la ola sigue a otra ola para batir la orilla,
sobre su cresta están el pájaro, el hombre, la estrella,
y la realidad, sueños, la muerte, oleada tras oleada.

He sido, estoy y estaré, no necesito fechas ni guarismos.
La vida es milagro de los milagros, y en su regazo
como a un huérfano, me coloco a mi mismo.

Sólo entre los espejos, en su cerco, como chispazos
se reflejan mares, ciudades y brillan entre los efluvios.
Y la madre llorando pone al niño en su regazo.


En revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 2, invierno de2005. Director: José María Pallaoro. Poema escrito en 1980. Versión especial para El espiniyo de Irina Bogdaschevski (Belgrado, 1927).
Arseni Alexandrovich Tarkovski (Rusia, 25 de junio de 1907 – 27 de mayo de 1989).

lunes, 24 de agosto de 2015

Miguel Grinberg, No cantamos para quienes ofenden la alegría


3

Poesía Patrona del mundo Ballena temible
Quemada crucificada en los retretes
Inmolada como el culo de una virgen
De Hamburgo a la Ciudad de Panamá
De lunes a domingo
Colgada de un gancho en las exposiciones
Antiséptica Con buen nombre y honor
Oh Dueña del amor Distribuidora de soles
Amante en piel y huesos
Tabernera del Rhin
Encubridora de asesinos
Novia nuestra Comandante del aire
Desnutrida por la piedad
Fumadora de opio Instigadora de suicidios
Flor podrida pescado en río revuelto
Colegiala indecisa Fruta ajena
Animal respetado por los siglos
Bestia amable
Echada y rehabilitada del Jardín del Paraíso
Exhibida en reclamos publicitarios
Poesía Patrona del Amor y el Universo
Gallo insolente
Pedrada en la cabeza de la solemnidad

No cantamos para quienes ofenden la alegría

Decimos tu nombre para la conspiración de los vivos

Poesía amiga de las manos queridas
Depositaria de nuestro júbilo
Lavada
Clavada
Como una bandera en la barriga de Dios



En revista interamericana “Eco Contemporáneo”, número 6/7, Buenos Aires, 1963.
Miguel Grinberg (Buenos Aires, 18 de agosto de 1937). Poeta.
Foto: MG en http://miguelgrinberg.blogspot.com.ar.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Leopoldo Castilla, El silencio se llevó la luna


DESCONCIERTO

A Cristina Domenech y Juan Goldaracena

La luna trajo el silencio
y después trajo la luna.

Un plano se fugaba
del fractal del mundo.

De golpe, las aves
trinaban como gatos
aullaban como perros.

Fue en Roses.
Una extraña naturaleza
nos enjauló con los pájaros.

Nos escondimos en nuestro animal.
Toda la noche.

Averiguaba
su lengua el caos
sin dar con su criatura.

El amanecer lo dejó mudo.

Como una loca
huía por las calles
desnuda y sin persona
                               la biología.

Al final el silencio se llevó la luna.



En: “Tiempos de Europa”, El Suri Porfiado, 2014.
Foto: José María Pallaoro. “Luna llena en City Bell”, 31 de julio de 2015.
Leopoldo “Teuco” Castilla (Salta, 1947).

martes, 11 de agosto de 2015

Leopoldo Castilla, Yo soy todavía ese hombre


LA MANO

Yo soy todavía ese hombre
que, con su alguien
          como lámpara,
imprime su mano en la roca
y mueve los campos,
adormece los lagos,
propaga la estricta cordillera.

Ese anillo de la luna
será Constantinopla,
Roma
la piedra peregrina,
Iberia la resolana
y el quebranto de la luz
                              Grecia.

Es un largo día inmóvil
              antes de ser pensamiento.

De ese instante
nacerán dioses.
            Y un aire de guerra.

Una sola mano el primer espejo. 

Algo se pierde para siempre en ese gesto de la razón.

La cueva exhala una luz dorada.


                           Europa
                                     comienza.



En: “Tiempos de Europa”, El Suri Porfiado, 2014.
Foto: José María Pallaoro. San Lorenzo, Santa Fe, 9 de octubre de 2010. 
Leopoldo “Teuco” Castilla (Salta, 1947).

lunes, 10 de agosto de 2015

Leopoldo Castilla, Lo sagrado


LO SAGRADO

A Jorge Paolantonio

Los pulpitos furiosos de Bruselas,
el atragantado infierno de Notre Dame,
el escuerzo, el lagarto, el amputado
sosteniendo el románico,
las envenenadas columnas del baldaquino de San Pedro de Roma,
las gallinas vivas
en la iglesia de San Antonio de la Calzada;
los fieles, como glóbulos blancos,
en la Basílica de Varsovia
o balbuceando,
                      en los extremos de la insania,
en los templos de Moscú
   y en los de la India
         la cobra

saben
que el éxtasis
de lo que está por ser  creado
deforma el mundo

propaga
      una pavorosa metamorfosis

cuando esa inminencia ve la luz
                                          y se detiene
                                                      se alza lo sagrado



En: “Tiempos de Europa”, El Suri Porfiado, 2014.
Foto: José María Pallaoro. San Lorenzo, Santa Fe, 9 de octubre de 2010.  
Leopoldo “Teuco” Castilla (Salta, 1947).

jueves, 6 de agosto de 2015

Juana Bignozzi, Los pájaros que una vez se prometió


MI SANGRE

nueva de una muerte total
galopa despacio este horizonte blanco
sin ojos
sin testigo.

Se toca sus hondas paredes de agonía.

Los pájaros que una vez se prometió
duermen sus cabezas muertas en mi sangre.

Se busca de nuevo las raíces y la sal.



De: “Tierra de nadie”, 1962. En: “El `60 poesía blindada. Antología”, selección de Rubén Chihade; prólogo de Ramón Plaza, Los libros de GenteSur, 1990.
Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937 – 5 de agosto de 2015).

miércoles, 5 de agosto de 2015

Saša Pavček, Lo esperé toda la vida


¿POR QUÉ LA MUJER SOBREVIVE?

Lo esperé toda la vida.

Esperé aún al borde de la vida,
para juntos cruzar el hilo,
inmersos, acabados
el uno en el otro,
unidos en el beso
de despedida,
repetido.

Esperé, esperé,
como estamos acostumbradas a esperarlo todo.

Esperé, esperé…

Esperé tanto que hasta la muerte se estremeció…
“¡Inconsciente mujer!”

Giró sobre sus tacones altos,
enfadada emprendió otro rumbo.


En: “Vísteme con un beso” (Obleci me v poljub). Traducción: Ana Cecilia Prenz Kopušar. Libros de la talita dorada, 2012.
Saša Pavček, escritora y actriz eslovena.
Foto: José María Pallaoro. Saša Pavček cocinando en casa de sus padres, Eslovenia, 2013.

martes, 4 de agosto de 2015

Saša Pavček, No tengo una hija



NO TENGO UNA HIJA

No tengo una hija que sea un don,
lo heredé de las mujeres de mi ascendencia,
no tengo una hija que entienda,
sin que nadie le diga nada,

no tengo una hija que sienta,
cuando estoy totalmente desolada,
no tengo una hija que ciegamente crea,
que la mujer transmite todo,

que todo saldrá bien,
que nunca puede ser peor,
no tengo una hija que soporte,

que conmigo sienta y sienta,
no tengo una hija para competir con ella,
cuál te gusta más,

no tengo una hija que herede
mi femineidad, sin preguntar,
si la femineidad hace feliz…


En: “Vísteme con un beso” (Obleci me v poljub). Traducción: Ana Cecilia Prenz Kopušar.
Saša Pavček (Liubliana, 1960), escritora y actriz eslovena.
Imagen: Saša Pavček en City Bell , 2012 (con Ana Cecilia Prenz Kopušar y José María Pallaoro).

lunes, 3 de agosto de 2015

Leopoldo Castilla, Por el peso de una paloma


VENECIA

A Ana Guillot y Juan Fanti

Podría hundirse
por el peso de una paloma.
Igual que a la música
la sostiene su extinción.

Los vidrieros
—los naturales de esa transparencia—
soplan el fuego y, como los dioses,
de su aliento nacen frágiles criaturas
que se salvan en el aire
donde flotan las estatuas
y aterran el mármol
                            los caballos.

Es el final
lo que vuelve
visionario el espacio.

Sólo hay una puerta verdadera
en ese teatro de espejos, conjuras y palacios.
Si la abres,
de pie, como un hombre
te mirará de frente
el océano.

Y no hay más.

La ha trazado
                   un destello invisible.

Que su luz no te vea,
                   sólo puedes cruzarla enmascarado.


En: “Tiempos de Europa”, El Suri Porfiado, 2014.
Foto: Venecia, mayo 2013.
Leopoldo “Teuco” Castilla (Salta, 1947).

sábado, 1 de agosto de 2015

Enrique Gracia Trinidad, A sus orillas


PISCINA

Ya sé que una piscina
jamás tendrá los versos de la arena del mar,
ni del sauce de un río
ni del lago y sus aguas que se duermen.

Pero la luna llena
ha bajado esta noche a refrescarse,
y mi piscina ha sido
el mar de las Antillas,
el Duero de los lánguidos amantes,
el lecho de la espada Escalibur.

Estaba tan hermosa que mis ojos
alzaron en la sombra
un canto humilde a sus orillas.


En: revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 01, otoño de 2005. Director: José María Pallaoro.
Enrique Gracia Trinidad (Madrid, España, 1950).
Imagen: Tapa El espiniyo 01.