jueves, 16 de julio de 2015

Poesía quechua, Yo crío una mosca


YO CRÍO UNA MOSCA

Yo crío una mosca 
de alas de oro,
yo crío una mosca
de ojos encendidos.

Trae la muerte
en sus ojos de fuego,
trae la muerte
en sus cabellos de oro,
en sus alas hermosas.

En una botella verde
yo la crío;
nadie sabe
nadie sabe
si come.

Vaga en las noches 
como una estrella,
hiere mortalmente
con su resplandor rojo
con sus ojos de fuego.

En sus ojos de fuego
lleva el amor,
fulgura en la noche
su sangre,
el amor que trae en el corazón.

Nocturno insecto,
mosca portadora de la muerte,
en una botella verde
yo la crío,
amándola tanto.

Pero ¡eso sí!
¡Eso sí!
Nadie sabe
si le doy de beber,
si le doy de comer.



En: “Poesía quechua”, Galerna (Buenos Aires) – Arca (Montevideo), 1968. Traducción: José María Arguedas. 
Imagen: “La serpiente sostiene la piedra de fuego; las dos manos giran el bastón sagrado sobre la piedra de modo de hacer brotar la chispa del Fuego Nuevo”.

lunes, 13 de julio de 2015

Francisco “Pancho” Muñóz, inédito completo


SEÑALERO A LA VISTA

A Daniel Ripoll

(El amor que padezco es una enfermedad vergonzosa.
 Apollinaire)


Uno
    
     Lo primero que firmé, el año que comienza, fue una deuda. Después firmé un poema y después volví a firmar más deuda.


Dos
   
     Mi único giro doctrinario y político es haber pasado del “Viva Perón, carajo” al “Viva Perón”, escueto. 30 años de eso, sobre poco más o menos.


Tres
    
     Cuando la carrera tiene que cambiar no cambia y cambia cuando no tiene que cambiar.

     Nunca cambia el que gana.
     Gana el que conoce con precisión cuando las cosas van a cambiar, el que anticipa y sucede, llámese como se llame: rock and roll, instinto, sed de futuro, cerveza con limón a las seis de la tarde haciendo veredita en Santa Fe y Ayacucho. Bs. As.


Cuatro

   Cómo no ser de acá, de este río que aligera la espuma y embellece los cuerpos y colorea la tarde del león, según Lugones; digamos que la enturbia para aumentar los espejismos de la carne y el hueso y la lengua y el paladar haciendo filtro mientras chupa palabras, comas, mujeres y cerveza. Siempre fue un lírico y el lirismo puede hacerte perder el cuerpo.


Cinco
    
     Estoy en Bs. As., no pude evitarlo, tratando de acertar cuándo cambian las cosas. Y las cosas cambian de un día para el otro; de una milésima a la otra en y en cualquier parte del mundo.


Seis
   
     Ordenado entre los repentinos; casual padre de actos y sobre todo frívolo en los enamoramientos y en eso de sostener la crítica. Emocionalmente fácil.


Siete
    
     El poema que firmé, a comienzo de año, no era un poema de amor ni de enamoramientos. No amo cuando escribo, escribo con la cola de una laucha entre las manos. Mi problema siguen siendo las deudas y el error de nunca  arrepentirse. La laucha está viva y cada tanto mordisquea.


Ocho

     Al enemigo que te caga la vida hay que precisarlo en el colimador y hay que saber seguirle el rastro; porque eso de cagarte la vida es bastante. Las deudas y los arrepentimientos cambian rápido, lo que tardan en decirse dos palabras o disparar un tiro.


Nueve
   
     Toda una teoría a partir de un dato equivocado.
Toda una teoría y sus jardines que no paran de bifurcarse y, encima de todo, sus iglesias de opio puro y leninista. Almas de cofias con habitación de servicio.
     Toda una teoría y toda una estética de umbrales acólitos, soberbios inocentes chupadores de pija “amujerados”, acierta aquí Osvaldo Lamborghini, y todas esas cosasmodernosas de la época y su aduana pública y su falta de secretos. No emboba la política, encula.


Diez
   
    Menos el poder, todo es inútil escribo/ lo que puedo/ que escribo/ con la cola de la laucha entre las manos.
    Toda una teoría tengo, comprobable en su contra
    y también tengo incorporado un ejercicio físico agotador que no parece y que a veces sangra, como prueba telúrica de la cosa en que ando metido.


Once

Repiquetea el sol hasta que muere
bajo la sombra suave de tu sandalia de hilo.
Nada podrá ninguna noche fresca contra esto.

Todo se va haciendo.


Doce

Todos los pasos son en falso,
los de para adelante y los al revés.
A mi, nadie puede ya mentirme
ni ésta

ni ninguna vez.


Trece
    
     Yo puedo escribir porque las palabras tienen la buena voluntad de recordarnos
y el que recuerda cambia
           ciertas cosas que hacen a veces favores de verdad: gracia, don, cola de laucha, crédito, fianza.


Catorce
     
    El agotamiento de la iluminación es más importante que la iluminación misma.
    La frase aparece cada tanto en la pared del fondo –yo vivo entre paredes estas- y con toda claridad puede leerse el hecho por sobre el palimpsesto propuesto por la enredadera y su circuito húmedo y verde caprichoso:
   El agotamiento de la iluminación es más importante que la iluminación misma.

   Siempre fui de beber; ahora grito menos producto de cierto agotamiento con eso de las iluminaciones. Yo sé que va a pasar, yo sé que va a ocurrir.
     Las cosas son más fieles a mí que yo a las cosas.  


Quince

     Una señal a la vista para dejarse llevar mientras como papafritas obvias en el mismo Palacio.
     Una antología de momentos marcando la vida con el taco. Los hijos y sus hijos y las hijas y sus hijas revoleteando futuro y futuritos en un jardín que no tiende jamás a bifurcarse.
    
     Mate y mariposas hasta siempre. Sorbo, toso y lagrimeo por culpa del colesterol.
   

Dieciséis

    He varado embarcación en el medio del río que nos caracteriza y he cenado con Pappo.
    Navego aún con vientos que varían en amenazas y mucho movimiento en la cabina, cosa que dificulta el hecho de escribir y beber al mismo tiempo; teniendo a pesar y entre las manos la cola de la laucha que, por momentos, pretende independizarse la muy turra.
    Hay que tener cuidado con lo que se hace. Esto no es un concurso de belleza.


Diecisiete
     
Voy a mirar
hoy
el mar, hasta que quede mar
y quede luz del mar
y quede ojo entre las fosforescencias
y la sal de la sal.

   
Dieciocho
  
Y cómo, de qué forma
o manera de la pirueta obrera
iba a faltar el que escuda
su propia valentía en el pasado. En su tiempo
cualquiera.


Diecinueve

     Nada es lo mismo, ir que volver enamorado por los bulevares encendidos al frente que nos quedan y la noche lubricando la noche y el rocío el rocío y así por el estilo. Nada es lo mismo.
   Exigencias del caso y, otra vez, el futuro y las muchedumbres en la boca estómago.


Veinte

    Llegué, como pude pero llegué para firmar el manifiesto que explica como y porque hemos llegado a esto.
    Todo se paga y todo regresa con usura y encima no hay cuenta que valga.


Veintiuno

    La carrera no cambia porque si, siempre hay algo: peso, viento, humedad, jinete, sombra, sol, castigo.
   Y siempre hay algo más que tuerce la carrera y su rumbo: destino, capricho del destino, “pastito recién cortado”, arena.


Veintidós

    La política es la posibilidad de hablar. Unos la dicen de una manera y otros de otra. Elesella y esellos y esellas; todas personas que alguna vez se conocieron o anduvieron cerca sacudiéndose. Nada más cerca ni nada más familiar que la política.
    Nuestras conversaciones de sobremesa no dejaban escaparnos a ninguna costa y el mar como un mantel.
    El punto flojo era la cola de la laucha, que además de no tener memoria, trataba de borrar la mía. Yo, cuando hablo me ensaño y cuando escribo me tranquilizo un poco. La política es algo de mueca sonriente en la cuerda floja y un toque de vestuario en donde el tiempo siempre pasa.


Veintitrés

     El río, otra vez el río y sus riberas salvadoras a tanta soledad que nada teje, no es mar el río que nos tiñe y es barco varado y es cena nostalgiosa.
     La política no incluye ni rechaza y existe nada más que para cerrar lo cerrado y abrir lo que haya que ir abriendo. Lo más blanco del blanco y al revés.
     Un alcaucil convertido en diamante, cosa que demuestra la posibilidad curiosa de

(…de la política no se come, se come de la mano del amo, del poder de ese cuenco impiadoso al que no conviene morder nunca, canturrea la historia…)

una confrontación con la más correcta y pura realidad, dentro o fuera del tiempo.

     Tengo un plan para ganar y una teoría comprobable.


Veinticuatro

     Siempre existe la posibilidad de echarse para atrás, dice Maquiavelo
y yo no tengo manera de evitar repetirlo, mientras

     la planta de tú pié desnudo le devuelve a mi empeine el frío del mosaico.
                                     
                                                               
Veinticinco

    Siempre hay una línea, una entrelínea, un pensamiento de mesita de luz apaciguado en tu más íntima dictadura; en la obsesión por la bebida

y encima y por debajo
y por arriba
y en los costados,
esa cola de laucha incontrolable
que da tanto trabajo
haciendo
tanto estrago.


Veintiséis     

     Parece que todo el mundo tiene que hacer caso. Hay que ir obligándose a hacer caso, pavada de anarquismo esto de contar.
    Escribe lo que piensa y dice y piensa en lo que debe: Perón cartonero, Perón pibe, Perón guacho, Perón pedigüeño, Peroncito, Perón pobre, Perón humillado, Perón manco dos veces, Perón viudo, Perón en la cañonera. Perón bajo su paraguas.   
    La política administra el desorden, no es una casa; y también administra la muerte, según acierta en afirmar el poeta  Rodolfo Edwards.
   La política no es nada más que una carrera de caballos, en política es “nesario” saber antes el resultado de lo qué se está jugando y por jugar, y pensar sobre todo en el minuto siguiente y en las próximas cien carreras.  Un hipódromo de aquí a la eternidad de tiempos empleados, o sea el tiempo mismo abstraído de cualquier otra contingencia.
   La cosa es explicar porqué todo está tan lejos. A todo esto la cola de la laucha se pone cada vez más indócil y soberbia. Soberbiosa, si me permite.


Veintisiete

   El miedo a buscar es no encontrar las cosas que se andan buscando, deudas o poemas.


Veintiocho

   Sonríe hasta que sangra por la comisura de los labios. Se seca y habla como conductor televisivo, si fuese o un sujetador, si fuera. Correcto, visto desde la gramática en eso del sujeto y predicado.

   No hay que perder la calma y hay que dejarse llevar por la señales.
   Siempre hay revancha frente al vacío. 

   
Inédito completo.
Francisco Pancho Muñoz (Buenos Aires, 1945). Poeta y periodista.
Imagen: Tapa de LP “Pidamos Peras A Mandioca”, 1968. Un Perón.

domingo, 12 de julio de 2015

Poesía quechua, El fuego


EL FUEGO QUE HE PRENDIDO

El fuego que he prendido en la montaña 
el ischu que encendí en la cumbre,  
estará llameando
estará ardiendo. 
¡Oh, mira si aún llamea la montaña! 
Y si hay fuego, ¡anda niña!
Con tus lágrimas puras
apaga el fuego;  
llora sobre el incendio
y tórnalo en ceniza con tus lágrimas puras.


URQUPI ISCHU KAÑASQAY
Urqupi ischu kañasqay  / qasapi ischu kañasqay  / ¿hinallaraqchus rawrachkan?  / ¿kunankamaraqchus rupachkan?  / Hinalla rawrachkan chayqa  / hinalla rupachkan chayqa  / warma wiqiykiwan chaqchuykuy  / warma wiqiykiwan tasnuykuy.



Ischu = paja
En: “Poesía quechua”, Galerna (Buenos Aires) – Arca (Montevideo), 1968. Traducción: José María Arguedas.  
Imagen: “La serpiente sostiene la piedra de fuego; las dos manos giran el bastón sagrado sobre la piedra de modo de hacer brotar la chispa del Fuego Nuevo”.

sábado, 11 de julio de 2015

Takis Varvitsiotis, dos poemas


SIN MÚSICA

En las hojas marchitas
Se balancea la estación

El jardín está lleno de manos cortadas

Cerradme el corazón
Cerradme los ojos

Estoy harto de recoger muertos

Ay
Sólo las amapolas
Vuelven a encontrar
Su sangre en la hierba

Los hombres ya no conocen la música

Los árboles han desaparecido

Sólo quedó el cielo



QUIÉN ESCONDIÓ EN NUESTRAS VENAS

¿Quién escondió en nuestras venas
Sonidos de palomas?

En los muros crecieron alas

Esta noche el tiempo ha enmudecido
Y todas nuestras palabras se hacen trizas
En el cristal del vacío

Los postigos crujen abiertos de par en par
El viento relumbra
Trae hasta aquí el perfume de la hierba

En la proa del barco se izó
Como un blasón
Nuestro destino


En: “Seis poetas griegos”, versiones directa del griego de Horacio Castillo, Ediciones Colihue, 2000.
Takis Varvitsiotis (Tesalónica, Grecia, 1916 – 2011).
Foto: TV, s/d. 

viernes, 10 de julio de 2015

Allen Ginsberg, La carga del mundo es amor


CANCIÓN

La carga del mundo
     es amor.
Bajo el fardo
     de soledad,
bajo el fardo
     de insatisfacción

     la carga
la carga que acarreamos
     es amor.

¿Quién puede negarlo?
     En sueños
toca
     el cuerpo,
en el pensamiento
     construye
un milagro,
     en la imaginación
angustia
     hasta nacer
en lo humano—

del corazón se asoma
     ardiendo con pureza
pues el fardo de la vida
     es amor,

pero cargamos el peso
     fatigosamente.
y así debemos reposar
en los brazos del amor.
     al fin,
debemos reposar
en los brazos del amor.

No hay reposo
     sin amor
no se duerme
     sin sueños
de amor—
     seas loco o frío
obsesionado con ángeles
     o máquinas
el deseo final
     es amor

—no puede ser amargo
     no puede negarse,
no puede impedirse
     si se lo niega:

     —debe darse
para no volver
     como el pensamiento
se da
     en soledad
con toda la excelencia
     de su exceso.

Los cálidos cuerpos
     brillan juntos
en la oscuridad,
     la mano avanza
hacia el centro
     de la carne,
la piel tiembla
     de felicidad
y el alma viene
     gozosa hasta el ojo.

sí, sí
     eso es lo que
yo quise,
     siempre quise,
siempre quise,
     regresar
al cuerpo
     con que nací.



Traductor. Miguel Grinberg. En revista “Mutantia. Zona de Lucidez Implacable”, número 11, febrero de 1982. Director: Miguel Grinberg.
Al poema le antecede este texto: “Querido Miguel: Si uno pudiera escribir un solitario poema futurista de ciencia-ficción sobre deambular por las calles de Buenos Aires todas las líneas derribadas teléfonos incomunicados correos detenidos las ruedas de las máquinas varadas & la población & vos mufado con ejércitos retumbando calle abajo en otros barrios de la ciudad & rumores volando como serafines sobre los tejados ¿quién tomó el Poder sobre el universo? sí sí sí escribí ahora cómo se siente eso que todos nosotros sentimos en cada país mufados y solos… Anotá todo lo que puedas sobre las líneas telefónicas & las sensaciones psíquicas de la ciudadanía epiléptico-política, todos esos grandes detalles irreales para poesía… Allen (Calcuta, 11 oct. 62”.
Allen Ginsberg (Newark, EEUU, 3 de junio de 1926 - Nueva York, 5 de abril de 1997).
Foto: Miguel Grinberg y Allen Ginsberg, La Habana, Cuba, febrero de 1965. Tomada por Ernesto Fernández.

martes, 7 de julio de 2015

Gerardo Burton, El mayor océano


amor nos trajo a una misma muerte
(amor condusse nou ad una morte) 
dante, inferno, canto V



mi mirada se pierde en las regiones de su cuerpo.
el mayor océano es el cuerpo de una mujer enamorada.
adonis


la nuca de la noche, al azar
         de intemperies vestida

duerme con los párpados cosidos
         entre cielos, entre brumas
que dispersan el salobre aire

recuerdos como flechas, días que no tienen fin
         salvo las nubes de sombra
el acaso que nada endereza
         un abismo de negrura
agita sus cortinas sobre el errante navío
del lecho

*

hay una estrella en tu espalda
         y el perfume que lleva la sombra en el aire

un viento mueve apenas
         las espumas que la marea entre algas
deja a los pies de las vírgenes

un desierto mece en las orillas
el canto de los océanos
         bajo nubes de tormenta

*

tanguito

al oeste de tus pezones
         al oeste
no hay nada más que tu perfume
         el aire que dejaste
al irte tras las nubes

al sur de tu cabellera de agua
         y sin tus ojos
descubren las manos del ciego
         la extensión de la sombra

es el viento, y la fragancia del
         durazno, y los sonidos
que se llevaron la música al oeste

al oeste de tus pezones
         ya no hay nada
ni las nubes
en tu perfume

no hay dolor parecido
         a la ausencia 

*

aquí también huele a pez
         y alguien duerme
en un valle
donde apenas vuelan
         pelusas de álamo
en la luz vertical
vestigios del placer
         recuerdos de la carne saciada

*

un beso y otro beso, y otro más
         como la lluvia en la lluvia
y la tristeza en la guerra
esa tarde en la estación gris
         cercana al hipódromo
y al parque
         donde el jacarandá esperaba
aun la primavera

*

un cielo busca otro
         cielo tras la luz de la retama
un océano lee
         signos de honduras, penas
que en la espuma
         mueren, mientras en un beso
se deshacen
         los amantes

*

ojos con luz propia
         de aguas hondas, de abismos
donde no hay sombra posible

ojos que de miel encienden
         tardes, señales en el sendero

el horizonte guarda
entre pétalos de agapanto
         el sol que muere

*

resuenan pasos en la casa vacía
         palabras
algunas canciones

ánforas de lluvia plenos
         en brazos de debilidad leve
mueren los labios
         en una sonrisa, mueren de amor
los que miran en la tarde que muere

*

cuando duele la luz caída
         desde árboles, desde pájaros
que incendia la tarde

sólo lluvia sobre el mar
         agua en el agua y la espuma
que alza salobre viento
         sexo omnipresente y sin fin

*

un combate desigual
         enciende árboles de otoño, muerde
el aire con el sol envejecido

no hay vencedor: los pliegues
         de la sombra tienden
nubes, tampoco
habrá huida: el final
         es arder hasta la ceniza
o descansar
         en la margen ignorada


Grupo de poemas aparecidos en una antología en Cuba, para el XV Festival de Poesía de La Habana, realizado entre el 24 y el 30 de mayo de 2015.
Gerardo Burton (Buenos Aires, 1951). Poeta y periodista. Reside en Neuquén desde 1986.
Foto: Liliana Campazzo. GB en Cuba.

domingo, 5 de julio de 2015

Graciela Cros, El amor terminó


GEISHA

I
¿Cuándo llegaremos a Hollywood?
interroga la geisha imprudente
y se estremece el raso de su traje.

¿Acaso buscas revolotear de hadas,
lloviznar de magnolias, ser feliz para siempre
como quieren los niños?
No es así, le digo, no lo creas.
Esa colina no existe.
Aquí sólo hay arena.

Abre tu corazón como abanico y siéntate
a celebrar los brotes del desierto.
No hay otra cosa.
La luz
y estas maripositas en el viento.


II
Digo a la geisha obligada:
¿Te crees Louise Colet?
¿Esperas carta de Flaubert?
¡Ah, felicidad!
Cielo esquivo.
No la hallarás así.
En la vida no hay explicaciones.
Si las quieres, ponte a leer un libro.
Si decides que no, cantar una canción
mientras pasan las nubes
puede encerrarlo todo.


VIII
Tiembla su corazón de pájaro
detrás de la brillante vestidura.
¿Cuán importante es?
pregunto a la geisha amenazada.
Esa puerta cerró.
El hombre, al otro lado, no te oye.
El hombre, al otro lado, tiene la llave
que anhelas.
¿Cuán importante es?
No te detengas frente a una puerta clausurada.
Aprende a confiar en la zozobra del propio movimiento.
No es él, al otro lado, no lo es.
Es tu temblor el que amenaza.


X
Finalmente tu taza está vacía.
Entonces
vamos al teatro a oir “La casta diva”.
Quita ese polvo de arroz que se ha corrido y deja de llorar,
geisha in cesante.
El amor terminó.


De: “La escena imperfecta”. En “Poesía Río Negro. Antología consultada y comentada, volumen 1”, Fondo Editorial Rionegrino, 2006.
Graciela Cros (Buenos Aires, 5 de julio de 1945).
Foto: GC en FB.

sábado, 4 de julio de 2015

Dolores Etchecopar, Mi hijo no hace pie en el alba


EL POZO

mi hijo no hace pie en el alba
tampoco hace pie esa ciudad donde estuvimos
ni el tren que iba a Berlín
ni los muertos que suben y bajan
la ropa de los vivos
nada hace pie ni la pobreza ni la risa
ni los ruidos feroces ni las luciérnagas
bajo el gran país que suelta la noche
digo unas palabras aparto a la extraña mujer
que se prepara en mi sollozo digo unas palabras
antes de que ella me enmudezca con sus fábulas
y su desmemoria
mi hijo no hace pie en el alba
el tren que iba a Berlín
los vivos que suben y bajan
la ropa de los muertos
nada hace pie
en el llamado
nada hace pie
en el silencio ese niño
nunca sabrá
por qué afuera de la luna
golpean a un viejo caballo 



En “Notas salvajes”, Editorial Argonauta, 1989.
Dolores Etchecopar (Buenos Aires, 4 de julio de 1956).
Foto: DE en FB.

Eduardo Mileo, dos poemas


AULLIDOS
(Edvard Munch, 1863-1944)

Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.



SOMBRAS DE PÁJAROS
(Vincent van Gogh, 1853-1890)


Enfermé
por no poder seguir mi movimiento.
Mi madre me miró con la piedad
de sus ojos hechos para el fuego.
Aquí estoy tranquilo.
Pienso en los jardines
que ella cuidaba,
en sus sábanas que huelen a sol.
Hacen así las lavanderas
y lo que queda se lo lleva el río.

Recibo cartas,
alguna bebida que me traen
las enfermeras piadosas.
Bebo viendo a mi madre
tejer tras la ventana.
Afuera hace frío y pinto soles.
Las lavanderas lavan
una luna que cayó en el río.

Mi madre me dio un hermano:
mi sombra necesaria.
Temer y amar es mi destino.
Ordeno mis tijeras
en la mesa de luz
como sombras de pájaros.

Partiré.
Pero tendré que llegar a la partida.
El cielo es un océano con ojos.


En “BLOGLAPRIDA”, blog de misceláneas de EM.
Eduardo Mileo (Buenos Aires, 4 de julio de 1953).
Foto: EM en FB.

viernes, 3 de julio de 2015

Bernardo Uchitel, Verano propicio de pasto amarillo manchado


A UN AMIGO EN CARACAS

El asfalto se vuelve
gris brillante al mediodía
Me imagino que lo cruzas
en esa ciudad sin veredas
tan lejos
agitado y sudoroso en medio del tráfico
Si estuvieras aquí
estaríamos
a la sombra de la casa de altos
mirando cómo se levanta
el vaho de la ciudad



TEMOR ANCESTRAL

Cuando suceda en mí
la eclosión de los cielos
seré
como los antiguos
temeroso

En un verano propicio
de pasto amarillo manchado
mojaré los pies en el arroyo del sol

El aromo esparcirá
la sombra
donde ronda la mosca verde

El pozo más hondo llamará
cerrando su boca negra

Sin luz
como los antiguos
imploraré



SIN TÍTULO

¿Qué se hizo de mi rastro
cuando el viento caliente removió el polvo
y dónde estaba yo
cuando se levantó la parte de las colinas
y se hundió la parte de los ríos?

Con una voz me dije:
vos y tus dudas
se hundirán
en un oscuro remolino
para siempre
Un poco de sangre caliente
hundida en las aguas turbulentas
No podrás ver
las altas barrancas
desde donde hombres y mujeres
miran pensativos
el ancho río

Y toda esa agua desembocando
hacia Buenos Aires
y en Zárate el Ferry Boat
y el agua aceitosa anunciando
los picos altos de las fábricas
Me senté en la orilla a mirar
cómo pasa el Ferry Boat
blanco y largo sobre las aguas turbias

Y a mis espaldas
la otra voz decía:
Canta, canta calandria mía
la hilera de los durazneros
está rodeada de escombros
y bajo el sol del verano
en los pajonales
—frágiles y secos cantores—
la furia de los caranchos
ronda las vacas muertas
Canta, canta Calandria mía

Y de nuevo
la tierra
levantándose
en polvo.



En “Poesía y Poética” (revista de poesía y teoría poética editada por la Secretaria de Asuntos Culturales de la Universidad Nacional del Litoral. Director: Hugo Gola), número 1, marzo de 1988.
Bernardo Uchitel (Entre Ríos, 1942).

jueves, 2 de julio de 2015

Bernardo Uchitel, Anduve por ahí y otros poemas


ANDUVE POR AHÍ

Los árboles y la tierra
parecían los mismos
De lejos venía
el ruido de la trilla
y en el cielo de sol
las bandadas
de palomas de la virgen
No se vuelve
No se parte



SIN TÍTULO

Vi esta mañana
una mariposa amarilla
entre las chapas y las paredes
El viento de la noche la trajo
Pálida
en la primera luz
no termina de irse



PASAN…

Pequeños patos salvajes
pasan
sobre la ciudad
Su silbido
en mis noches de insomnio



DESDE CONCORDIA A BASAVILBASO

La garza blanca por el cielo
siguiendo la línea del río
los arroyos afluentes
y los naranjos
se iban por la ventanilla del tren
Y vos recostada
en el ángulo de la ventanilla y el asiento
sonreías contenta
ensimismada en el viaje y el destino
Lanzados desde el sin principio
hacia el sin fin
llevamos la muerte y sonreímos
Durante la noche bebimos
cerveza bien fría
y cuando llegamos
llovía ya un poco
dijiste:
“Se sentía el olor de la lluvia”

En “Poesía y Poética” (revista de poesía y teoría poética editada por la Secretaria de Asuntos Culturales de la Universidad Nacional del Litoral. Director: Hugo Gola), número 1, marzo de 1988.
Bernardo Uchitel (Entre Ríos, 1942).