sábado, 17 de enero de 2015

Arnaldo Calveyra, El viaje largo presentido, larguísimo callado



               El viaje lo trajimos lo mejor que se pudo. De todas las mariposas de alfalfa que nos siguieron desde Mansilla, la última se rezagó en Desvío Clé. Nos acompañamos ese trecho, ella con el volar y yo con la mirada. Venía con las alas de amarillo adiós, y, de tanto agitarse contra el aire, ya no alegraba una mariposa sino que una fuente ardía. Y corrió todavía con las alas de echar el resto: una mirada también ardiendo paralela al no puedo más en el costado de tren que siguió.
     La gallina que me diste la compartí con Rosa, ella me dio budín. En tren es casi lo que andar en mancarrón.
     Los que tocaban guitarra cuando me despedías vinieron alegres hasta Buenos Aires.
     Casi a mediodía entró el guarda con paso de "aquí van a suceder cosas", y hubo que ocultar a cuanta cotorra o pollo vivo inocente de Dios se estaba alimentando.
     En el ferry fué tan lindo mirar el agua.
     ¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.



              No te dije de la luna. La luna es lo más alto. Cuando la mirábamos, ¿por qué hacíamos retemblar el índice sobre el labio hasta provocar un beruberu de acompañarla? ¿Nos lo enseñaste tú o papá? ¿Y qué era su despabilarse en niño Jesús subido al burrito sobre esa lumbre de peligro? Dame esas noticias. Nos quedábamos hasta bien tarde en enero para mirar. Ahí la tengo en el patio ahora, es lo más alto. La dejé atada del pino, mi cometa plateada y mi compaña, y me entré luna arriba para que muchos niños.



               Me lavé la cara en la luna nueva.
     Toda en subida venía desde los eucaliptos, dejando su aseo al otoño sucio de quemarse. Y se le distrajo el iris en aquella subida con la luna hasta la casa una nochecita, y nos dimos vuelta para no dejarla demasiado atrás, mientras las niñas musitaban beruberu distraído con el labio. Cuando aún no acabábamos de atrasarnos oímos voces que se dirigían hacia nosotros. Cantaban. Eran los artistas del circo que todavía andaban a campo traviesa, ansiosos de más baile. Una armónica nos dijo que no tuviéramos miedo. La luna grande en medio, nos cruzamos mirándonos mirándonos.
     Las muchachas casaderas se reían detrás del camino Real masticando flores de leche y una lucecita respondía en el bajo la primavera.

Allá se ve una luz, dijo el avestruz.
Adonde, dijo el conde.
Allá en la loma, dijo la paloma.
En aquel rancho, dijo el carancho.
Habrá baile, dijo el fraile.
Habrá vino, dijo el zorrino.
Habrá caña, dijo la araña.

De: “Cartas para que la alegría” (escritos en 1957; cotejada con edición de 1959).



CARAS

     Está empezando a comprender.

     Lee y no lee, acaso los anteojos sean prestados.

     Es un niño. Esta mañana, jugando, se fue de boca.

     Va a bajar en la próxima estación, le parece que el viaje no fue viaje ni fue nada.

     Pestañas casi tristes.

     Lejos y cerca. Baila sentada. Puede, lo puede todo. “En el comienzo no era el amor y alguien intentó.”

     La alegría de ayer por la tarde está todavía intacta. Andará por ella toda la noche del viaje. No será viaje, será una carta.

     Se le murió el hijo no hace mucho. No entiende la muerte.

     Lo enterrarán con una lápida con las iniciales de otro.

     No comprendo esa cara.

     El equipaje es de lujo. Viudo de todo.

     Cara de “viajo en segunda pero no porque no pueda pagarme una primera, no había boletos de primera”.

     La boca es de alguien que no ha dudado nunca en una lengua extranjera.

     Se vistió hace años para este viaje. Ahora fuma para disimular.

     Primero, deja pasar los pueblos, luego abre una puerta en el pueblo transcurrido.

     Oye un grito, oye que viajamos.

     En este vagón lo llevan preso, inventa una escapatoria: “inocente, inocente”...

     ¿Por qué nos miramos?


YO MUERO TODAVÍA

     Te lo digo, te lo digo, tienes que creerlo, nos estamos volviendo esta cosa increíble que es el amor, un brazo es un abrazo, las es­trellas más se internan descalzando flores, tus enanos muertos que pisabas ayer tarde, el agua, las aguas aquellas que miramos con un oído atento hacia las caras, sin saberlo, sin saberlo.

     El viaje largo presentido, larguísimo callado, la casa por la copa de los álamos, el lado de sombra de tus ríos, la pandorga alta que­ridísima entregada con una mano, aquella palabra que llegó una tarde a pasar la vida con nosotros.

     Encendido por el viento, ningún manantial pisa la tierra, el amor había nomás que darlo todo, si no ¿quién habría de quedarse en casa cuando ya todos nos hayamos ido?, invierno de aquel año en que moríamos de niños, nada cesa pero el amor no cesa, ¡qué mineral, cuánta greda en un fantasma!

     Yo sé, tienes que creerlo, yo muero todavía, ya me animo al amor con los ojos abiertos, yo lindo todavía, alambrada mía, río de sonda que me paras en dos patas de conseja camino hacia tus bo­cas, dame de esas lámparas que pasan, de esas estelas que se apagan al hallarse, llévame para siempre conmigo fuera mío, no dejes que yo entre más en tantas casas sin hallarte, los mil dedos por noche de mis manos, laberinto que no extravías al que abre la boca sin su grito mudo, escucha, no escuches a las alas que no coinciden al cerrarse, nos estará, sí, ya gozando la inolvidable muerte.

De: “Iguana, Iguana”.

En: “Cartas para que la alegría / Iguana, iguana”,  Libros de Tierra Firme, 1988.
Arnaldo Calveyra (Mansilla, Entre Ríos, Argentina, 23 de febrero de 1929 - París, Francia, 16 de enero de 2015).

Foto: Arnaldo Calveyra y Julio Cortazar, París, 1963.

viernes, 16 de enero de 2015

Arnaldo Calveyra, Ahora, entre ellos mismos en severo desnivel, y debajo de los padres, de las buenas hermanas, de su hermano más joven, descansan


LA SIESTA DEL DOMINGO


     Entreabierto a las miradas, el pulcro panteón donde reposan, unos frente a otros, los miembros de una familia. 

     El sol que cae casi a plomo, penetra sin embargo en el inmóvil grupo. Aquí, a la izquierda y por poco en el suelo, el padre. Sobre esa oscura encina, la madre. En el tercer estante, el más joven de los hijos, muerto joven. A la derecha, las muchachas, muertas de muchos años. En lo que es el piso, si se levantara de su argolla la losa, se vería reposar, en el fervor de la penumbra, con los amigos que más tarde fueron sus cuñados, los restantes hijos varones repitiendo el prolijo conjunto de arriba. 
     Pero hay una repetición más densa en la muerte: los hermanos mayores vivieron, aún solteros, apartados de la casa por un enorme patio, hermoso como un bosque. En esas habitaciones recibían amigos, tenían una guitarra. 
     Ahora, entre ellos mismos en severo desnivel, y debajo de los padres, de las buenas hermanas, de su hermano más joven, descansan. Se diría que allá abajo, ocultos por la pesada losa como antes por el bosque, siguen conspirando hermosuras, siguen fuertes en la cacería nocturna, ajenos a la severidad paterna, a la inocencia pacífica, al candor de los blanquísimos paños bordados. 
     Hay una repetición en la muerte. También la casa, cuando todos ellos estaban en la tierra, permanecía abierta, y con los días festivos hasta el humo de la chimenea despachaba limpieza. Ahora que la muerte recata la puerta y la entreabre sólo, todos duermen la siesta campesina.



En: “Cartas para que la alegría / Iguana iguana”,  Libros de Tierra Firme, 1988.
Arnaldo Calveyra (Mansilla, Entre Ríos, Argentina, 23 de febrero de 1929 - París, Francia, 16 de enero de 2015). 

Jacobo Fijman, Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre los vidrios pálidos del mundo


HECHO DE ESTAMPAS (1930)

POEMA I

Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocígate, niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.

Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.

Niño de paz,
imito el mundo en un mi sueño ajeno a la claridad.

Un silencio de música se apacienta en las torres.


POEMA II

Oíase a través de las olas subidas el grito de los puertos y las ciudades
y el frío de las campanas.

Los cielos mueven el puente de los días.

El frío se sumerge en las ramas.

Recogemos la sombra que cae de los pájaros.
Te has ido.
Enumero las albas bajo la espuma azul de la noche.

Corderos desfigurados reflejan en sus ojos las vueltas de las estrellas
y los viejos molinos.


POEMA III

Está mi risa de niño
con la abuelita ciega de la noche obscura.

Resuenan mis botas groseras de campesino
en la ternura de los caballos,
y he ido.

Al son de ríos lúcidos y puros.
Tiemblan las curvas de los pozos como las dulces patas de los corderos.
                                                      
Encerrada en mis pasos sigue la noche obscura.


POEMA IV

Extiendo mis brazos hacia el silencio descansado que inmortaliza la lejanía.
Caen océanos en las noches obscuras de nuestras adolescencias en Dios.
Herido en mi canto
por uniones de azar
toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio.

Siento venir el fresco gusto del alumbrar.
Siento venir entre olas de la desesperanza maduros imperios.

Agito los ramajes.
Danzo en la gracia de todas las familias de la tierra y el universo.


POEMA V

Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajo los grandes soles fríos.

A través de mi llanto
oigo el agrio sudor de la precocidad.

Yo vuelvo sobre un musgo
y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche del estupor.
                                                                       
Miseria.
Dios pesa.
Me llaman vientos de mar.
Van y vienen en grandes cambios; se alargan en saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños.

Jamás podré seguir.
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre los vidrios pálidos del mundo.


POEMA VI

Ha caído mi vos, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.

Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.

Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.


POEMA VII

Roe mi frente dura
el lobo de la media noche.

Una escondida estrella arrima su sosiego.
Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.

Siento en mis manos venir la luz entera de la mañana.


POEMA VIII

Cavar, cavar los ojos enarenados como se ahuecan los cuellos largos de los pozos.
Cerrados en implacables soledades.

Excavo la bienaventuranza.
Cruzas llanuras
y acaecen palomas entre las manchas negras de las quejas.
Siento en mis ojos las anguilas fuera de sí de los silencios montañeses.


POEMA IX

Yo duermo cerca de todas las vueltas del sueño.
Según mi carne grito en la sombra de la beatitud de los recién nacidos.

Encima del mismo tono llevo el contacto de los bosques lejanos
y asistencia de océanos.


POEMA X

Reposan los sagrados pinos,
y mi voz arrollada en la tristeza de una luz rompida.

Paz, paz, sobre los días y las noches cansadas de recoger las voces falsas,
que el mar hace sonar las cáscaras de nuez de la maravilla,
y vuelvo a oír la guía de mi ánimo dentro de primicias celestes.

Huye la soledad.
Adiós, belleza.


POEMA XI

Al pie de los aromas blancos recobro mis manos en plegaria.
Una vez había...

Los canales hastiados se ponen en camino lejos de nuestros ojos.
Para sí trazan el pavor los soles.

Apoyo mi rostro sobre la sombra siete veces obscura
y atravieso los diques ajustados que arrastran los vientos.

Rodaba mi acento de mar desgarrado sobre siete caminos de nieve.


POEMA XII

Yo quería jugar.
Estaba el signo de mi naturaleza plena de llanto y protección severa.

Bajo a mi obscuridad, y avanzo entre mis brazos con una estrella niña.

Soplan olores de banderas frías
y resuenan tambores de infancia
en el mismo silencio, bajo la misma estrella.

Viene mi carne allende las transparencias.
Rodeo la luz fresca.

Ánimos de pavor yacen en mis profundas soledades:
No es el mismo silencio, no es la misma estrella.

Arranco vísperas de muros inclinados,
y más allá de todo se mueve el brillo opaco de la agonía.


POEMA XIII

Más allá de las aguas grises bajan colinas.
Nadie vigila.
Sobre las noches descompuestas concentro mi afinación.

Todo lo nuestro llega; las ventanas amigas entran las lejanías,
pero ya no saldremos nunca de esta mañana opaca.

Avanza hacia nosotros las vueltas seguras de la muerte.


POEMA XIV

Los muros están cubiertos de vísperas y estrellas blancas.
Las flautas hacen temblar a las flexibles viñas.

Oh, bodas, en tanta perfección de desnudez el gallo canta.
Aprieta mi adolescencia tus ojos negros.


CANCION DE CUNA QUE NO HA AGRADADO A NADIE

Van a cantar
por el nacer
de varón, de mujer;
van a cantar,
van a nacer.

Empiezan a cantar
empiezan a nacer
el varón, la mujer;
la voces del cantar,
las voces del nacer,
de varón, de mujer,
empiezan a cantar,
empiezan a nacer.

Van a cantar
el varón, la mujer,
van a cantar
por el nacer;
las cosas del nacer
van a cantar
por el varón, por la mujer,
van a cantar por el nacer.

Van a cantar:
la noche va a nacer.
Empiezan a cantar
el varón, la mujer,
la noche va a nacer.

Van a cantar
por el nacer
la noche del varón y la mujer.
Empiezan a cantar,
empiezan a nacer.

Van a cantar
por el nacer
el varón, la mujer.
Empiezan a cantar
amanecer...


A Macedonio Fernández, Eduardo Mallea, Raúl Scalabrini Ortiz, Oliverio Girondo, José Planas y Casas, Adán Dhiel, Mario Pinto, Pompeyo Audivert, Raúl González Tuñón, Rafael Crespo, Alfredo González Carraño.

De: “Hecho de estampas”, 1930. Texto completo. En: “Obra poética 1”, Leviatán, 1998.
Jacobo Fijman (Rusia –hoy Rumania-, 1898 – Buenos Aires, 1970).
Foto: JF.

jueves, 15 de enero de 2015

Rodolfo Godino, Para escribir el poema


PARA ESCRIBIR EL POEMA


The poem
is complex and the place made
in our lives
for the poem
W. C. Williams

1

Esta es la ley callada:
por más que escandalice,
la verdad interior
—que traba la lengua y anda por su túnel
resistiendo a sí misma—,
debe ser descubierta.

Eso no daña el prestigio
del corazón multiforme,
que debe insistir
y ser escuchado aun como culpa,
omisión,
             error, miedo, memoria
o sed inconfesa del cuerpo:
la historia de una combustión
siempre acorralada.
De lo contrario sólo se alumbran
fenómenos de oficio,
ningún animal completo.

Esas reticencias glaciales
consumen su invalidez, y su sanción
es muerte verdadera.
                                   Aunque suene
trágico, no hablo del infierno
sino de palabra estéril.


2

Sin las cosas no hay poema.

Un hombre bajo hechizo
registrando una revelación personal.
Esa es, aunque no pueda
ser probada, la ley de lo creado
infinitamente repetida:
podrán engarzar el cuerpo
en los viajes de la savia, de la luz,
filtrando violencia y acidia
en las crisis graduales de la carne
no humana del mundo natural.

Amándolas, sin alegorías,
serán parte, maderas, flores,
unidos en los cambios
y en el renacimiento, en los ciclos
de silenciosas convulsiones.
Nunca la vida pequeña
será suficientemente expandida.


3

Con escrúpulos no hay poema.
Cuando la realidad cuestionada
se retire, lo ambiguo crecerá
en el exceso de conciencia,
sin discreción, aceptándose a sí mismo.

Mientras el mundo se disipa
y aun inclinados a lo juicioso,
retengan: lo fantástico se ajusta
por la razón; el gobierno
combinatorio de lo mágico se ejerce
puertas adentro.

                         Lo que merezcan
y lo que alcancen no serán tormentos:
la humillación del oficio siempre guarda
un rédito solemne.

                           En la pelea
con la palabra inhábil, partes
del corazón y la verdad se pierden;
la imprecisión del espíritu
será imprecisión en la palabra.

Sin artificio no hay poema.


Puntas del Campanero.
Minas, Uruguay, 1993


De: “Centón”, 1997. En: “Viaje favorable”, Ediciones del Copista, 2004
Rodolfo Godino (San Francisco, Córdoba, 1936 – Buenos Aires, 2015).

Foto: RG

miércoles, 14 de enero de 2015

Jacobo Fijman, El corazón del mundo en nuestra boca


CÓPULA

¡Nos unió la mañana con sus risas!
En las rondas del sol
canciones de naranjas.
Danzas de nuestros cuerpos
desnudos -rojo y bronce.

El olor de la luz era sagrado:
música de horizontes,
espacio de paisajes-
rojo y bronce-
ruido de melodías,
himno de soles,
eternidad
y abismo de la dicha
en la alegría loca de los vientos.

Canciones de naranjos
en la piedad de los caminos.
¡Todas las aguas del silencio
rompimos en la danza!

Dicha de los abrazos y los besos;
toda la gloria de la vida
en nuestros pechos
jadeantes y ligeros;
nuestros cuerpos: au roras y ponientes
en la alegría loca de los vientos.
¡El corazón del mundo en nuestra boca!


De: “Molino rojo”, 1926. En: “Obra poética 1”, Leviatán, 1998.
Jacobo Fijman (Rusia –hoy Rumania-, 1898 – Buenos Aires, 1970).

Imagen: Pompeyo Audivert, “Canto”, 1959, grabado 0,16 x 0,20. 

martes, 13 de enero de 2015

Cesare Pavese, El tumulto de las calles


PASARÉ POR PIAZZA DI SPAGNA

Habrá un cielo claro.
Se abrirán las calles
sobre la colina de pinos y de piedra.
El tumulto de las calles
no cambiará ese aire tranquilo.
Las flores salpicadas
de colores en las fuentes
pestañearán como mujeres
felices. Las escaleras
las terrazas, las golondrinas
cantarán al sol.
Se abrirá aquella calle,
las piedras cantarán,
el corazón batirá estremecido
como el agua en las fuentes–
esa será la voz
que subirá tus escaleras.
Las ventanas sabrán
el olor de la piedra y del aire
de la mañana. Se abrirá una puerta.
El tumulto de las calles
será el tumulto del corazón
en la pálida luz.
Serás tú – tranquila y clara.

28 de marzo de 1950


Passerò per Piazza di Spagna

Sarà un cielo chiaro.
S’apriranno le strade
sul colle di pini e di pietra.
Il tumulto delle strade
non muterà quell’aria ferma.
I fiori spruzzati
di colori alle fontane
occhieggeranno come donne
divertite. Le scale
le terrazze le rondini
canteranno nel sole.
S’aprirà quella strada,
le pietre canteranno,
il cuore batterà sussultando
come l’acqua nelle fontane –
sarà questa la voce
che salirà le tue scale.
Le finestre sapranno
l’odore della pietra e dell’aria
mattutina. S’aprirà una porta.
Il tumulto delle strade
sarà il tumulto del cuore
nella luce smarrita.
Sarai tu – ferma e chiara.


En: “Verrà la morte e avrà i tuoi occhi”, Ediciones Perdidas, Retamar - Almería, 2005.
Traducción: José Palacios.
“Las diez poesías de Verrà la morte e avrà i tuoi occhi (ocho en italiano y dos en inglés) (dedicadas a) para constante Dowling, escritas (probablemente todas en Torino) entre el 11 de marzo y el 11 de abril de 1950, se encontraron a la muerte de Pavese en una carpeta en la mesa de su despacho de la editorial Einaudi. Escritas a máquina, llevaban título y fecha autógrafas, como también parece serlo el frontispicio Verrà la morte eavrà i tuoi occhi *11 marzo - 11 aprile 1950. Se publicaron en el volumen póstumo del mismo nombre (Einaudi, Torino, 1951) junto a La terra e la morte.”
Cesare Pavese (Italia, 9 de septiembre de 1908 – 27 de agosto de 1950).

Imagen: Filippo Anivitti-Venditore di fiori a Pz.di Spagna

lunes, 12 de enero de 2015

Cesare Pavese, Último blues



ÚLTIMO BLUES, PARA SER LEÍDO ALGÚN DÍA

Fue sólo un juego
seguro que lo sabías –
alguien fue herido
hace mucho tiempo.

Todo es lo mismo
el tiempo ha pasado –
un día llegaste
un día morirás.

Alguien murió
hace mucho tiempo –
alguien que probó
pero no supo.

11 de abril de 1950

Last blues, to be read some day

‘T was only a flirt
you sure did know –
some one was hurt
long time ago.

All is the same
time has gone by –
some day you came
some day you’ll die.

Some one has died
long time ago –
some one who tried
but didn’t know.

11 aprile 1950.

En: “Verrà la morte e avrà i tuoi occhi”, Ediciones Perdidas, Retamar - Almería, 2005. 
Traducción: José Palacios.
“Las diez poesías de Verrà la morte e avrà i tuoi occhi (ocho en italiano y dos en inglés) (dedicadas a) para Constance Dowling, escritas (probablemente todas en Torino) entre el 11 de marzo y el 11 de abril de 1950, se encontraron a la muerte de Pavese en una carpeta en la mesa de su despacho de la editorial Einaudi. Escritas a máquina, llevaban título y fecha autógrafas, como también parece serlo el frontispicio Verrà la morte eavrà i tuoi occhi *11 marzo - 11 aprile 1950. Se publicaron en el volumen póstumo del mismo nombre (Einaudi, Torino, 1951) junto a La terra e la morte.”
Cesare Pavese (Italia, 9 de septiembre de 1908 – 27 de agosto de 1950).
Foto: Cesare Pavese. 

sábado, 10 de enero de 2015

Ramón Plaza, en este destierro, en esta punta, en este lápiz, todavía


EL LÁPIZ

El lápiz es mi punta, mi destierro.
El sauce de mis ríos.
La completa geología de mi asombro.
El pequeño testigo
acusador y cierto.
Él prepara la historia de mi muerte
y como los gorriones
sé que no moriré lejos del río.


Que me hundan cerca de su historia.
Cerca del árbol que inauguró su polen.
Cerca del misterio y su afilado uso.
Cerca de la primera mañana en las violetas.
Que me hundan cerca de la libertad de los hombres.
Cerca.


Yo miro mi lápiz
en esta última tentativa.
Y por tener las manos,
las simples manos,
ciertamente limpias,
calladamente solas,
creo en este destierro, en esta punta,
en este lápiz, todavía.


En: “Libro de las fogatas”, Cuadernos del Alfarero, 1963.
Ramón Plaza (Buenos Aires, 1937 – 1991).

Foto: Imagen de RP extraída de una revista. 

viernes, 9 de enero de 2015

Cesare Pavese, Volverá una mañana




DOS POESIAS A T.


Las plantas del lago
te han visto una mañana.
Las piedras, las cabras, el sudor
están afuera de los días
como el agua del lago.
El dolor y el tumulto de los días
no rasguñan el lago.
Pasarán las mañanas,
pasarán las angustias,
otros sudores y piedras
te morderán la sangre
-no será siempre así.
Algo hallarás de nuevo.
Volverá una mañana
en que, tras el tumulto,
estés sola en el lago.





También tú eres el amor.
Eres de sangre y tierra
como los otros. Andas
como quien no se mueve
de la puerta de casa.
Miras como el que espera
y no ve. Eres tierra
que sufre y calla.
Te sobresaltas y fatigas,
tienes palabras –caminas
esperando. El amor
es tu sangre –no otra.






“Roma, 18-23 de junio de 1946. Halladas en dos hojitas mecanografiadas, en el cuaderno Cuentos y poesías inéditas, y en un borrador en dos hojitas escritas a lápiz, en el cuaderno de las copias sin corregir de los poemas...”.


En: “Poemas inéditos. Poemas elegidos.”, Ediciones Librerías Fausto, 1975.
Traducción: Horacio Arman. Notas: Italo Calvino.
Cesare Pavese (Italia, 9 de septiembre de 1908 – 27 de agosto de 1950).
Foto: Cesare Pavese. 

jueves, 8 de enero de 2015

Cesare Pavese, Como si ninguno de nosotros estuviera despierto


CREACIÓN

Estoy vivo y sorprendí en el alba las estrellas.
La compañera sigue durmiendo y no lo sabe.
Los camaradas duermen. Y la clara jornada
se alza ante mí más nítida que los rostros hundidos.

A lo lejos pasa un viejo que se va a trabajar
o a gozar la mañana. No somos diferentes;
él y yo respiramos la misma claridad
y fumamos tranquilos para engañar el hambre.
También el viejo debe tener un cuerpo puro
y vibrante –debería estar desnudo ante la madrugada.

Esta mañana corre la vida sobre el agua
o en el sol: nos rodea el resplandor del agua
siempre joven, los cuerpos de todos estarán desnudos.
Habrá un sol fuerte y el rigor del mar
y ese rudo cansancio que abate bajo el sol
y la inmovilidad. Estará la amiga
-un secreto de cuerpos. Cada uno elevará su voz.

No hay voz que rompa el silencio del agua
bajo el alba. Y no hay tampoco nada que tiemble
bajo el cielo. Sólo hay una tibieza que funde las estrellas.
Estremece sentir la mañana que vibra
toda virgen, como si ninguno de nosotros estuviera despierto.


Enero 1935, poema inédito, forma parte de “Poesía del desamor”.

En: “Poemas inéditos. Poemas elegidos.”, Ediciones Librerías Fausto, 1975.
Traducción: Horacio Arman. Notas: Italo Calvino.
Cesare Pavese (Italia, 9 de septiembre de 1908 – 27 de agosto de 1950).

Foto: Casa natal de Cesare Pavese. 

martes, 6 de enero de 2015

Orhan Veli, Esta familia tenía un perro



ASÍ ES LA VIDA

Esta familia tenía un perro
De pelo rizado.
Se llamaba Chinchon;
Murió.
También tenía un gato: Mavish,
Se perdió.
Después, se casó la hija.
El hijo menor pasó de curso.
Toda clase de cosas, dulces o tristes,
Ocurrieron en un solo año.
Sencillamente ocurrieron, es tan simple como eso...
¡La vida siempre es así!


COMPRO TRAPOS VIEJOS

Compro trapos viejos.
Los corto dándoles forma de estrella.
La música es el alimento del alma
Estoy loco por la música
Escribo poesía.
Escribo poesía y compro trapos viejos.
Vendo trapos viejos y compro música
¡Si también pudiera ser un pez en una botella de licor!


GRATIS

Vivir es gratis;
El aire es gratis, las nubes son gratis;
Los valles y las colinas son gratis;
La lluvia y el musgo son gratis;
El aspecto de los coches,
Las entradas de los cines,
Los escaparates son gratis;
El pan y el queso cuestan dinero, pero
El agua estancada es gratis
La libertad puede costarte la vida,
Pero la esclavitud es gratis,
Vivir es gratis,
Gratis


MIGRAÑA

I

A pesar de lo hermosos que pueden ser los caminos,
A pesar de lo fresca que puede ser la noche,
El cuerpo se cansa:
La migraña no.

II

Ahora entraré en casa,
Pero podré dejarla más tarde,
Puesto que estos zapatos y esta ropa son míos
Y las calles no son de nadie.




Orhan Veli (Turquía, 1914-1950).
Traducción del turco al inglés por Murat Nemet Nejat en “Poems By Orhan Veli",
Hanging Loose Press, Nueva York, 1989.
Traducción del inglés al castellano, Jonio González.

Foto: Orhan Veli. 

lunes, 5 de enero de 2015

Vicente Zito Lema, Deja de escribir, como si el papel fuera la piel de un dios antiguo


LÁZAROS

Cesa... de dar vueltas a la noria...
O más claro: deja de escribir, como si el papel
fuera la piel de un dios antiguo...
Basta de engaños: no buscas el bueno oficio
de las letras, la clara justicia o la oscura
verdad. Tampoco se trata de si tu amado
Sócrates tenía razones para despreciar todo
lo que no fuera la palabra que camina (al fin
se suicidó y quedan sospechas...)
Vayamos al grano: tu contienda real
es con la muerte...
Que tu necesidad, tu deseo, o tu maldita obstinación
de familia campesina.
no se conviertan en delirio (ya conoces los pantanos,
pon calma a la insistencia...)
No tendrás tus Lázaros... Nadie se levanta
del silencio porque tú lo escribas...
Aceptarás que la palabra no le quita a la muerte
lo que tiene por suyo,
y menos impone a la vida las dudosas reglas
de un dudoso arte...
La realidad del agua escapa de tus manos
igual que un sueño...

Mírate en el espejo...
Ni siquiera esa belleza que invocas desde niño
por mísero consuelo
tiene que ver contigo.
Ese ser aturdido y más que torpe...
confundido con su propia sombra...
Despídete...
La muerte no es más que un sueño, pero nos roba el alma...



Vicente Zito Lema, Buenos Aires, 1939. Poeta.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Juan Octavio Prenz, Viajar hacia los costados



CONSTRUCTOR DE PUENTES

Hay que caer o lanzarse
o simplemente viajar
a lo hondo
para descubrir la vida

Hay que elevarse o volar
porque en las alturas
está la verdad

Más modesto
menos cultor de palabras
y acaso
desconfiando de geografías ansiosas

Diego de Oliva elige
viajar hacia los costados


En “Habladurías del Nuevo Mundo”, 1986.
Juan Octavio Prenz (La Plata, 1932).

Bernabé Malacalza: “Hace unos pocos días tuve el gran placer de conocer a Juan Octavio Prenz, poeta y ciudadano ilustre de mi querida ciudad de Ensenada. Guardaré ese día. Gracias José María Pallaoro por ser el puente. La foto es del Puente Giratorio del Barrio Campamento. El puente fue inaugurado en 1913. El Barrio Campamento es el barrio de la infancia de Juan Octavio Prenz”.