Desde la tierra el mirlo ve un cielo Cuando está en el cielo ve un mirlo
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El mirlo se busca en la tierra Se encuentra en el cielo
En “El Mirlo”, Ediciones Último Reino, 2004. Selección capítulo 6, “La tierra y el cielo”, por José María Pallaoro.
Gianni Siccardi nació en Banfield (Provincia de Buenos Aires) en 1933. Murió en 2002. Entre otros libros de poemas publicó: “Poesía Junta”, 1960; “Travesía”, 1967; “Ella”, 1989; “Fragmentos”, 1995 y “El Mirlo”, 2004.
el sol de la mañana
sobre los granos de la espiga,
la sombra del hinojo
sobre las grietas de la tapia,
el blanco de la escarcha
sobre los verdes de la ortiga;
la ruta de la hormiga
en el desierto de las lajas,
el silbo de las cañas
en el silencio del baldío,
la espina de la rosa
en la lisura de la rama,
la danza del derviche
en una gota de rocío.
En “El andariego, poemas 1944-1980”, Fondo de Cultura Económica Argentina, 2007. Hugo Padeletti nació en Alcorta, Santa Fe, en 1928. Poeta y artista plástico.
1 2 123 cua… Convoquen a los pavos reales y a las hormigas beligerales tomen precauciones nucleares y detectives particulares. Los falsos dioses de aire, tierra y agua vencieron el hechizo que reinaba el gran cacique vuelve del exilio manos al cielo, padre de los indios. Traigan al líder, traigan al líder el pueblo lo quiere vivar. “Vine ante todo para destapar la pipa de la paz. Un par de recitales voy a dar antes de continuar”. Olvidemos los rencores compañeros y señores con el gran jefe del ejército tengo que zapar… La sonrisa serena de los sabios la fatiga de abuelo entre los labios y muchísimos años. Convoquen a los ángeles reos a los cirujas y a los ateos a las sacerdotisas del puerto y al cazador de espíritus muertos. La multitud festeja su retorno mientras el pan espera por el horno que no está para bollos y no está para el pan. La muchedumbre jubilosa canta alrededor de la fogata santa tres guerreros ahumados manejan el asado. Traigan al líder, traigan al líder el pueblo lo quiere vivar.
Letra y música: Miguel Cantilo. En LP “Miguel Cantilo y Grupo Sur” (grabado en diciembre de 1973 y editado por el sello Trova en 1975). Alrededor de la fogata están: Willy Pedemonte (guitarra eléctrica), Miguel Cantilo (voz, acústicas y coros); Alejandro Marassi (bajo); Diego Villanueva (batería); Gastón Cubillas (saxo); maestro Jorge Pinchevsky (violín); director de coro: Pin, aportan lo suyo: Morci Requena, Mariacho (María José Cantilo), Diego y Bárbara Abeledo. Y un grito de corazón: Traigan al líder, traigan al líder / el pueblo lo quiere vivar.
Siempre, tu palabra sencilla, tu pregunta justa, tu preocupación profunda.
Siempre tu palabra llega, en la multitud de mis silencios, para despertarme, y en la confusión del bullicio, para clarificarme el rumbo.
Siempre, tu palabra, allí francotirador perfecto, cazador de debilidades, juez de mi vida, asesino de mi ego.
Siempre tu palabra cerca, para que el silencio diga, te quiero mi amor.
En: “Joaquín Areta. Siempre tu palabra cerca”, Libros de la talita dorada / Colección Los detectives salvajes, 2010
Joaquín Areta nació en 1955 en Monte Caseros, Corrientes. Se traslada a La Plata a los 13 años e inicia sus estudios secundarios en el Colegio Nacional. A los 16 años comienza su militancia en el Movimiento de Acción Secundaria (MAS), agrupación de base de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Luego de la fusión de FAR y Montoneros es parte de la conducción de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). En 1973 ingresa a la carrera de Medicina. En 1974 forma pareja con Adela Segarra. En diciembre de 1976 muere en combate su hermano Iñaki. En 1977 nace su hijo Jorge Ignacio. El 29 de junio de 1978, a los 22 años, es detenido-desaparecido en una cita en Capital Federal. Hoy Joaquín tiene un nieto que se llama Iñaki.
¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla, con mi pierna tan larga y tan flaca, con mis brazos, con mi lengua, con mis flacos ojos? ¿Qué puedo hacer en este remolino de imbéciles de buena voluntad? ¿Qué puedo con inteligentes podridos y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía? ¿Qué puedo entre los poetas uniformados por la academia o por el comunismo? ¿Qué, entre vendedores o políticos o pastores de almas? ¿Qué putas puedo hacer, Tarumba, si no soy santo, ni héroe, ni bandido, ni adorador del arte, ni boticario, ni rebelde? ¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo y no tengo ganas sino de mirar y mirar?
En “Dos siglos de poesía mexicana. Del XIX al fin del milenio: Una antología”. Selección y prólogo de Juan Domingo Argüelles, Océano, México, 2001.
Jaime Sabines (Tuxla Gutiérrez, Chiapas, 1926 – ciudad de México, 1999).
¿Qué pide la hoja? Músicas del cuerpo, lunes, miércoles. ¿Cuando van a pagar los trabajos del viaje, el amor que se equivoca y no rinde en el mercado? ¿Lloverá, no lloverá? ¿Quién camina por la tierra que arrasó su pasión, el humo todavía? Venas compradas por la desolación, tanto hielo de espíritu y la esplendente vida afuera.
En “El emperrado corazón amora”, Seix Barral, Planeta, 2011.
Lo comprensible es incomprensible y ningún verbo o luna azul cambiará su destino. Trabajan los caballos el galope en tierras anchas con espantapájaros mentidos. Al que mucho ama nada se le puede dar, siempre crea en sí mismo aires ardientes que le consigue el corazón. Clavos que clavan, cuerdas libres de lo real y de lo no real atan o unen propósitos muy cerca del sonido que no se puede oír, la media lumbre es luz que se busca en su sombra. Los dioses de la totalidad cesaron interrumpidos por el amor que no cesa.
En “El emperrado corazón amora”, Seix Barral, Planeta, 2011.
Ibas a la montaña en busca de jaguares, tapires o faisanes. Siempre te acompañaba la mujer de otro. En mis sueños te veía raudo por la playa, eludiendo tenazas de cangrejos azules. Ahora caminarás desnudo por la noche sin término. Ojalá te encuentres con los ojos de todos los animales que mataste.
En “Dos siglos de poesía mexicana. Del XIX al fin del milenio: Una antología”. Selección y prólogo de Juan Domingo Argüelles, Océano, México, 2001.
Francisco Hernández (San Andrés Tuxtla, Veracruz, México, 1946).
1 2 3 va…
Alguien me ha dicho que has decidido,
alguien me ha dicho que tienes en mente
marcharte al Norte
con tus hijos y guitarras,
que allá piensas serás más feliz.
Y nadie nunca va a ningún lugar.
Nadie jamás encuentra ese lugar.
Haz tu mente al invierno del sur.
Y quédate que hay mucho aquí aún por hacer
y rehacer.
La ciudad se está yendo hacia arriba.
La ciudad está creciendo hacia arriba.
No te quedes mirando como crece
o ya no verás más la luz.
Y nadie nunca va a ningún lugar.
Nadie jamás encuentra ese lugar.
Haz tu mente al invierno del sur.
Y quédate que hay mucho aquí aún por hacer
y rehacer.
Piensas que en el norte nadie se pregunta nada.
Piensas que en el norte nadie te preguntará.
Pero nunca podrás evitar la pregunta
de tus hijos que van a crecer.
Y nadie nunca va a ningún lugar.
Nadie jamás encuentra ese lugar.
Haz tu mente al invierno del sur.
Y quédate que hay mucho aquí aún por hacer
y rehacer.
Hermosa historia de viejas partidas. Hoy, Edelmiro, está dando su propia batalla (todo nuestro amor, querido Edelmiro). Y nosotros de otra manera, aquí en el sur, también. Ayer noche la noticia nos hizo feliz. Ayer noche comenzó el nuevo día para seguir creciendo. Nuestro amor a todas las compañeras y compañeros, nuestra amor a la Patria que estamos reconstruyendo..
De LP “Gabriela”, 1972. Este hermoso disco tuvo el aporte de excelentes músicos de rock: Edelmiro Molinari: guitarra; David Lebon: bajo, guitarra; Moro: batería y percusión; Litto Nebbia: piano; Emilio Del Guercio: flauta dulce; Jorge Cutello: flauta traversa; León Gieco: armónica y coros; Miguel y Eugenio: coros.
Ya no tengo amigos en esta tierra, madre.
Se me han ido todos con la ambigüedad.
Si me hubieras dicho que era así, mama,
quizás nunca hubiera empezado a hablar.
Y lo peor de todo es que yo también
me siento ambiguo, madre,
porque sólo palos y besos puedo dar.
Me voy buscando unos negros, mama,
pues tengo unos sentimientos para compartir.
Me voy buscando unos negros, mama.
Negros de campo y música y nada más.
Tengo música, risas y palos, mama,
y no aguanto más a la ambigüedad.
En LP, grabado entre marzo y junio de 1973 y editado en 1973, “Color Humano” 2, 1973. Color Humano es: Edelmiro Molinari, Rinaldo Rafanelli y Oscar Moro.
Alguien te ha dicho que tengo en mente,
alguien te ha dicho que he decidido
marcharme al norte con mis hijos, mis guitarras,
y que allá lejos seré más feliz.
No creo que en el norte nadie se pregunte nada.
Creo que en el norte todos me preguntarán,
y no creo que me interese evitar las preguntas
de mis hijos que van crecer.
Deja que la música encuentre el lugar.
Deja que el lugar encuentre el invierno.
Deja que el invierno deje otros inviernos,
esos que mi música debe conocer.
En LP, grabado entre marzo y junio de 1973 y editado en 1974, “Color Humano” 3, 1974. Color Humano es en este álbum: Edelmiro Molinari, Rinaldo Rafanelli y Oscar Moro. Egle Martin participa en percusión.
Quitar la carne, toda, hasta que el verso quede con la sonora oscuridad del hueso. Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo hasta que se convierta en aguja tan fina, que atraviese la lengua sin dolencia aunque la sangre obstruya la garganta.
En “Dos siglos de poesía mexicana. Del XIX al fin del milenio: Una antología”. Selección y prólogo de Juan Domingo Argüelles, Océano, México, 2001.
Francisco Hernández (San Andrés Tuxtla, Veracruz, México, 1946).
Emma te equivocaste
cuando saliste de tu casa en un carruaje con grandes
ruedas que corrían hacia atrás como en las películas del Oeste
porque tu soledad era algo que debía ser solamente tuyo
y porque era fatal que
nadie te comprendiera en ese pueblo de provincias
ni siquiera tu marido
el pobre hombre gris herido de tu amor
Bueno, no me hables ahora de tus taquicardias
o de los vestidos con enaguas y encajes
déjame explicarte
que me conduelo solamente
porque te perseguían furiosamente
los vecinos ineptos en el juego
de tu corazón virgen
y tu siglo era un cambio
lentamente mirado a través de las celosías
de la villa
más bien ponte el anillo o los collares de los hippies
y piensa en Carnaby Street en cómo lograr la infidelidad
sin que tengas que recurrir a tu conciencia
de pobre muchacha provinciana
Yo pienso que buscabas saber solamente
cómo te desnudarían los otros
y estos otros cretinos te traicionaron
Emma
Dame la mano no llores más
quédate en silencio
y escuchemos juntos estos discos de los Beatles.
De “El imperio milenario”, 1973. En “La poesía del cincuenta. E. Bayley, R. G. Aguirre, C. Fernández Moreno y otros”. Selección, prólogo y notas por Daniel Freidemberg. Centro Editor de América Latina, 1981. Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 - Resistencia, Chaco, 1991).
De “Sentimientos”, 1961. En “La poesía del cincuenta. E. Bayley, R. G. Aguirre, C. Fernández Moreno y otros”. Selección, prólogo y notas por Daniel Freidemberg. Centro Editor de América Latina, 1981.
Ya se sabe
empleó
gran parte del tiempo
en adquirir su odio,
y mucho más tiempo,
en gozarlo sin decirlo,
cuervo
que solitario come, ajeno a la envidia
y no para jactarse,
a la espera, quizás,
de un cielo del odio donde todos
los odios son contemplados para todos, incluso
los ignorantes del propio odio, corruptos;
y dispuesto al goce
de ser contemplado en su odio,
como aplicando una máxima:
Bueno es
odiar a solas, pero es mejor
odiar en compañía, el odio crece.
Entretanto
se sabe también.
En “Francisco Urondo. Veinte años de poesía argentina, 1940-1960”, Editorial Galerna, 1968. Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 – 1991).
Antes te buscaba reventando caballos Subiendo las escaleras de dos en dos Ahora vienen a mí con el rumor que hacen los novios en ciertos aniversarios Para caer en la trampa por la que asoma una mujer sí y otra no Las impares siempre más jóvenes Ahora te amo a mayor densidad por kilómetro cuadrado Es el amor a precio de costo La luz se hace con el frotamiento de los cuerpos Y si te toco provocamos las situaciones extremas Pero no importa Ven nos llenaremos los bolsillos de males menores Y de algunas maneras que hemos heredado
De “El lugar común”. En “Francisco Urondo. Veinte años de poesía argentina, 1940-1960”, Editorial Galerna, 1968.
Comí los alimentos del mundo. Mi mano tocó piedras de ciudades famosas y mi cuerpo, reducido ahora, pero sano y salvaje, atravesó calles más numerosas que las arrugas de un río. ¿Qué hombres no conocí? ¿Qué libros no he leído? ¿Qué ha de haber en el almacén de lo visible y de lo invisible que se me pueda vender como novedad? En las mañanas del mes de octubre, llenas de sol y palomas, contemplo la explosión lenta de las flores del duraznero y me paseo tranquilo, gozando de buena digestión y de buena respiración, la lengua llena del gusto del café y un cigarrillo que humea entre mis dedos. Debí pasar por todo eso, es la larga noche del deseo y la posesión, para llegar hasta aquí.
En mi mente martillean versos férreos, ajenos. Resuenan en mí como la primera vez. La belleza, que para Platón era reminiscencia, para mí, indefenso y libre, no es más que actualidad. La misma música aliterada me estremece de nuevo, cada vez, con delicias flamantes. El café: una sombra en relación con su regusto, con esa pesadez perfumada que se irradia, sutil, desde la punta de mi lengua, ahora. Lo que nos salva a nosotros, los viejos, es ver arder detrás el mundo, depositado sobre un lecho de ceniza palpitante. Sobre ese colchón estoy parado contemplando mi propia sombra que encoge lentamente en la mañana.
Que otros gocen hoy de la maravilla del nacimiento y del sabor de la primera entrega perfumada del mundo, o de una muchedumbre de fiestas nocturnas. El sol de los ciegos es más negro que la noche y el nacimiento más perfecto es la muerte. Mi luz es única. No la puedo cambiar. Y el humo de mi cigarrillo es más sólido y más azul que un ramo de ciudades.
En “La mayor”, Centro Editor de América Latina, 1982. Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 – París, 2005).
El otoño, con manos diáfanas y brillantes, está abriendo un azul purísimo que moja el paisaje de una delicia trémula primaveral.
De “El agua y la noche”, 1924-1932. En “Obra Completa”, Centro de Publicaciones, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1996.
Juan Laurentino Ortiz nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, cerca de Gualeguay (Entre Ríos), ciudad donde vivirá hasta 1942 cuando se muda a Paraná. Murió el 2 de septiembre de 1978.