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lunes, 6 de septiembre de 2010

Alberto Szpunberg – Podría ser mi corazón, aunque hace rato me lavé la cara y era el espejo


RUE EDGAR POE

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I

Esta es la hora, sí, la luz inunda el patio como tristeza iluminada de por sí, tan transparente que es como las cosas mismas:
“si ellos estuvieran –pienso–, también ellos serían ellos mismos” sobre un tapiz de hojas inquietas sostenido por el aire,
pero es ese árbol, por ejemplo, las hojas que tiemblan como sabiendo una presencia, tan inminente, sí, tan inminente y agitada, que hasta se insinúa en el temblor que en realidad es el viento mismo, el de la tarde, ahora entretenido con las ramas, y una ligera, una cierta ingenuidad, un aire apenas,
cuando en realidad sólo es tu voz, tu silencio, la tersura de tu mejilla, así de costado, contra la tarde, como en esos júbilos en que te vuelves hacia mi corazón.

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II

¿“Mi corazón”, dije? ¿“te vuelves”, dije?
Podría ser mi corazón, aunque hace rato me lavé la cara y era el espejo, sí, este cristal cerrado sobre si mismo y nada de nada a mis espaldas,
aunque podría ser tu voz maniatada, encapuchada, torturada, violenta, aprisionada en las palabras, esta mañana, cuando llovía y el día era aún reflejo lila pasando tan rápido, tan aparecido y desaparecido, que podría ser la ventana –“desde la que mirará toda su vida”– en el espejo como tu nombre en el instante en que descubro en mi cara que no estás y
siento que vuelves, que vuelven, que vuelven, que no volvés.

En “Apuntes” (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987
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Alberto Szpunberg nació en 1940 en Buenos Aires. Poeta.
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Foto: Tapa “Apuntes” y dedo, Jmp
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domingo, 5 de septiembre de 2010

Alberto Szpunberg – Ella, como la lluvia, habla en silencio


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III

He vuelto y el patio es ahora una mirada perdida sobre el piso de cemento donde el agua de los charquitos brilla entre astillas, cristales, requiebros, haces, como si la lluvia aún caminara y la luz la sostuviera en andas como una gracia, pura gracia,
pero, en efecto, soy injusto, también es el viento que ya ni siquiera es murmullo ni susurro en el árbol quieto, ensombrecido y plomo, grave y quieto, cuyas hojas dolidas, heridas de soledad al borde de la noche, confunden el sueño con la muerte.
Soy injusto, también estás, también están, yo también me confundo.

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IV

He abierto, abrí mi libreta al azar: “Ella, como la lluvia, habla en silencio”.
Esto escribí un día anegado por tu tristeza.
Pero no, no dice “ella”, dice tu nombre, dice mi letra temblorosa.

En “Apuntes” (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987
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Alberto Szpunberg nació en 1940 en Buenos Aires. Poeta.
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Foto: Tapa “Apuntes” y dedo, Jmp
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jueves, 2 de septiembre de 2010

Alberto Szpunberg – Los buenos poemas que nunca nos olvidan del todo


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V

“La locura: parodia de la muerte.”
Lejos: parodia de soledad a toda una noche de avión a la distancia.

Voy a encender la hornalla, voy a fumarme un cigarrillo mirando el fuego:
la más parecida y lúcida intimidad, como en los buenos poemas que nunca nos olvidan del todo.

Como esta taza de té que yo conocí siendo tibieza entre sus manos.

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VI

Sí, me acuerdo muy bien,
afuera llovía y yo lo sabía por el ruido en las tejas
y por tu rostro que era el único paisaje contra la ventana
y en él yo adivinaba como una niebla gris entre el ocre de las ramas
y el olor del agua sobre la tierra y un ruido de pasos
–“¿ellos? ¿son ellos que vuelven, los muchachos?” – sobre las hojas quebradizas.

En “Apuntes” (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987
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Alberto Szpunberg nació en 1940 en Buenos Aires. Poeta.
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Foto: Tapa “Apuntes” y dedo, Jmp
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Alberto Szpunberg – Todo era una armonía azarosamente necesaria


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VII

Y todo era una armonía azarosamente necesaria:
la tibieza el té en el aire, el leve vapor, este silencio,
la gravedad conque decíamos los nombres de la muerte,
tu dolor porque ellos eran otros nombres de tu muerte, de tu vida,
mi dolor por tu dolor, variaciones sobre un mismo andante, mano izquierda,
mientras te seguía desde la locura de un Schumann que a nuestros pies
era el juego de dos manos restableciendo el equilibrio del mundo.

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VIII

De noche –“la danza de las algas y el callado trabajo de los erizos” – se mueven los sueños,
tiemblan, se agitan –“un murmullo de gritos tan monótono y constante” – como raíces del pensamiento.

Pero de noche tu ausencia es toda la noche,
esa inquietud inquietante:
la mano baja a buscar y sólo busca
mientras la memoria es una lejana playa abandonada por el mar.

En “Apuntes” (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987
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Alberto Szpunberg nació en 1940 en Buenos Aires. Poeta.
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Foto: Tapa “Apuntes” y dedo. Jmp
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domingo, 29 de agosto de 2010

Alberto Szpunberg – Porque esto, nadie se engañe, no es un poema


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IX

Sólo contigo las palabras, las sílabas de la tristeza inclusive,
vuelven a ser un puente entre estos huesos cansados y los
sueños.

Porque esto, nadie se engañe, no es un poema,
nomás decir que necesito tocarte para descubrir mi
existencia.

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X

Tan próximos al deseo y tocar apenas con la yema de los dedos sus aguas que no cesan,
dejar que la mano intente vanamente atrapar los reflejos hasta que la luz nos cubra por entero:
la marea alta de su transparencia somos nosotros, vos y yo, todos nosotros.

En “Apuntes” (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987
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Alberto Szpunberg nació en 1940 en Buenos Aires. Poeta.
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Foto: Tapa “Apuntes” y dedo, Jmp
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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Alberto Szpunberg – Acerca de “En la exacta mitad de tu ombligo” de Jorge Money


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“En la exacta mitad de tu ombligo” de Jorge Money (poeta y periodista secuestrado y asesinado por la Triple A en 1975) se presenta el jueves 10 de septiembre, a las 18.30 hs., en el MUSEO DE LA MEMORIA, Calle 9 entre 51 y 53, de la ciudad de La Plata.
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En realidad, compañeros, nunca sabemos exactamente cuándo empieza ni cuándo termina un viaje, ni qué es lo que se va de nosotros ni qué es lo que queda o se pierde por el camino. Me fui de la Argentina un 9 de mayo de 1977, y yo mismo me sorprendí de reencontrarme conmigo mismo cuando aterricé al otro lado del charco y abrí la valija. Después de casi un año de clandestinidad, en estado de sobresalto permanente, ya había levantado vuelo y aterrizado muchas veces, y a veces muchas veces por día, y especialmente infinitas veces por las noches, que eran y siguen siendo infinitas y oscuras. También me sorprendí cuando, al otro lado del charco, entre lo poco que llevaba conmigo, encontré la carpeta con los poemas de Jorge Money, la misma que él me había dado a leer unos días antes de que lo asesinaran, un 19 de mayo de 1975, y que quedó en mis manos. También sus poemas habían compartido conmigo un año de sobresaltos, viajes de casa en casa, piruetas de agujero en agujero. Si lo hubiese pensado, por “razones de seguridad”, no tendría que haber llevado conmigo la carpeta de Money. Pero hacerlo no fue un acto temerario, sino un gesto, casi reflejo, como echar a la valija el mate y la bombilla, un kilo de Taragüí, la navaja que me había regalado mi viejo, Jacques el fatalista de Diderot, en cuya traducción trataba absurdamente de avanzar, algo de ropa, la Biblia de mi abuelo y poco más. Al abrir la valija al otro lado del charco, me encontré con la carpeta de Money. Me di cuenta entonces de que ella había sido parte del viaje, como mi propio cuerpo, mi desconcierto, mi derrota, mi precario pasaporte. De alguna manera, me había llevado conmigo algo que era mío, nuestro, 30.000 veces nuestro.

Al empezar a volver a la Argentina, sí pensé que la carpeta de Money, aunque más ajada y amarillenta por los otoños transcurridos, debía estar en la valija del retorno, y sus poemas volvieron a cruzar el charco, pero esta vez como una restitución impostergable: como los pies que se van solos por una calle de la infancia o la mano que saluda y saca un cigarrillo y convida... Pero, claro, bajo la nevada más copiosa, esa que advierto todas las mañanas en mis bigotes, ¿cómo imaginar esa brizna que, invisible, traspapelada, hundida en su quebranto, esperaba la menor insinuación del sol? Yo sólo lo soñaba cada tanto; Manés, su compañera, que lo había gestado, desde algún dibujo o pintura ya miraba a los ojos y daba a luz e iluminaba la poesía; Matías, que el 19 de mayo de 1975 aún estaba en la mitad exacta del ombligo, debía ya intuirlo... Pero los milagros no ocurren, sino que se hacen, y no hay duda de que los mejores hacedores de milagros son los compañeros: ese poema que fue un vientre embarazado, a pesar de la ráfaga alevosa, el crimen demencial, la impunidad asesina, ya es ahora un nacimiento, y todos renacemos con él... A bordo de un libro, los poemas de Money siguen viaje... Su rumbo es el que todos sabemos: ese por el cual lo mataron, ese por el cual sigue vivo y ahora, verso a verso, nos da de vivir... Gracias, compañeros hacedores de milagros, por dejarme estar ahí, entre ustedes, y compartir esa antigua, esa siempre recién nacida esperanza que nos parió.

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Texto de Alberto Szpunberg que se leyó en la presentación de “En la exacta mitad de tu ombligo” el viernes 21 de agosto en el Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires._

sábado, 1 de noviembre de 2008

Acerca de Notas al pie de nada ni de nadie de Alberto Szpunberg

Por Miguel Russo *


Notas al pie de nada ni de nadie
Alberto Szpunberg
Bajo la luna / Poesía en obra


El libro de Alberto Szpunberg duele donde debe doler. En la memoria, en el recuerdo, en la comprensión de causas y efectos de una realidad que va quedando cada vez más relegada al absurdo rol de show mediático montado para diversión de unos pocos. Unos pocos que, a fuerza de repetir vulgaridades, intentan (demasiadas veces con resultado positivo) armar un estofado patético de creencias, mentiras banales y mitos a contramano para que todos crean que esa y no otra es la realidad. Y, a medida que ese dolor se hace presente, la memoria, el recuerdo y la comprensión (lo dicho) empiezan a funcionar a toda vela. Mejor aún, vuelven a funcionar. Y en esa vuelta del funcionamiento comienzan a descartarse uno a uno los falsos entramados de un pensamiento (y sí, por más que no lo parezca, es un pensamiento) tan mezquino como peligroso que hace aparecer, justamente, a la mezquindad como moneda de uso. Peligroso, no está de más repetirlo. El libro de Alberto Szpunberg, la lectura de ese libro, duele ahí, donde debe. Eso, de por sí, ya lo catalogaría con una palabra tan a la moda en los últimos tiempos (y aplicable cotidiana y sistemáticamente a cualquier cosa, cualquier libro, cualquier película, cualquier disco, sea una genialidad o una bazofia), una palabra tan patética como los tiempos y el estofado de los tiempos mencionados más arriba: “imprescindible”. Pero al libro de Alberto Szpunberg, la palabra “imprescindible”, bien o mal aplicada, sea dicha por un conocedor profundo del tema o por cualquier marmota con pantalla, le queda chica. Entonces, así como para ese libro hizo Szpunberg, hay que bucear más profundo. Hay que meterse de lleno en ese Notas al pie de nada ni de nadie y dar rienda suelta a las consecuencias útiles del dolor de su lectura.
A saber: si se adhiere a la teoría de Carlos Marx (y no es necesario ser marxista para adherir a ella) que la lucha de clases es el motor de la historia, se puede plantear que la poesía es su oficina de prensa. Desde Homero (o la asociación de poetas que escribieron bajo el nombre común de Homero), pasando por los miles y miles de historias celebradas por los trovadores medievales, o Shakespeare (o la asociación de poetas que hicieron lo mismo que sus antecesores con Homero), hasta más acá, el último intento de cualquier inédito/a poeta, la escritura de un poema está clara: se busca (con menor o mayor resultado) que la sociedad en su conjunto las aprenda, las comprenda y las haga suyas. Y allí está Notas al pie de nada ni de nadie. Allí está Szpunberg en su clara y furiosa condición de contador de una historia. Una historia que arranca en 1964 con la escritura de otro poema, “Marquitos”, perteneciente al libro El che amor, de 1966. Una historia que continúa, pero no se cierra, con la reescritura de aquel poema, que es decir la reescritura de aquella historia. Pasaron, entre una y otra escritura, poco más de cuarenta años. Pero pasaron, entre una y otra escritura, mucho más que cuarenta años. Y Szpunberg da cuenta en su escritura de ese “mucho más”. Marquitos, el hombre, fue Marcos Slajter, un estudiante de filosofía de 25 años que murió de hambre en Orán, mientras formaba parte del Ejército Guerrillero del Pueblo que lideraba Jorge Masetti en la provincia de Salta y adhería a la revolución continental planeada por Ernesto Guevara. “Marquitos”, el poema, es la historia de ese hombre (y todo el dolor de la historia de ese hombre y de otros hombres como Marcos Slajter) contada por Alberto Szpunberg, también militante de aquella organización revolucionaria, para que fuera aprendida, comprendida, hecha propia. Para que no fuera olvidada ni, mucho peor, despojada de contenidos por los vencedores ni por aquellos que, habiendo sido vencidos, se hicieron eco del discurso vencedor que señaló y sigue señalando lo absurdo de pelear y dar la vida por una utopía.
Szpunberg se exilió. Szpunberg siguió escribiendo. Pero Szpunberg no se detuvo en la escritura melancólica del exilio ni compró los nuevos aires de lo posible. Szpunberg se arremangó frente a la historia y se sentó a escribirla, a reescribirla, a dolerla, a hacerle doler. Así nace “Notas al pie de nada ni de nadie”, así se lee “Notas al pie de nada ni de nadie”: como un poema del dolor de saber. Un poema que señala de manera tan clara como tajante que los sucesos siguen sucediendo, que, por más que pretendan ocultarlos o vaciarlos de su verdadera magnitud, seguirán allí para que poetas como Szpunberg los hagan de todos y para todos. Sin las pretensiones de los nuevos gurúes del “se hace lo que se puede”. Con la consigna divulgada el 1 de enero de 1959 en La Habana: “Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada”.

City Bell, 19 de noviembre de 2007.
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Miguel Russo nació en Buenos Aires en 1956. Es periodista cultural de diversos medios nacionales y extranjeros y guionista de documentales sobre historia argentina y escritores latinoamericanos. Publicó dos libros de poesía: "7 y 3" (1989) y "Ninguna noche en Storyville" (1991); el libro de relatos "Un lugar como cualquier otro" (2005) y las novelas "Perder la historia" (1997) y "Babel" (2007).
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El presente comentario iba a formar parte de el espiniyo / 2008, lo presentamos ahora en AROMITO.- Alberto Szpunberg publicó en 2008 en un solo volumen dos hermosos libros: Apuntes (1986) y Luces que a lo lejos (1993).
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Sobre el telón del fondo del exilio, y con un pasado reciente de combate y de dolorosa derrota resonando en la memoria, una voz poética va con delicada incertidumbre haciéndose cargo de la nueva situación, a la vez que reflexiona sobre lo ocurrido, a través de observaciones mínimas, preguntas, ramalazos de frases. Escritos durante la segunda mitad de los años 80 del siglo XX, Apuntes y Luces que a lo lejos pueden leerse como sendos tramos de un único libro, en el que un intenso lirismo y el rigor del pensamiento se funden para recrear verbalmente el mundo e interrogarlo.

Alberto Szpunberg nació en Buenos Aires, en 1940. Fue docente en la Universidad de Buenos Aires y, como periodista, fue redactor del diario La Opinión, cuyo suplemento cultural dirigió entre 1975 y 1976. Se exilió en Barcelona en 1977. Poemas de la mano mayor (1962), El che amor (1966), Su fuego en la tibieza (1983) y La encendida calma (2002) son algunas de sus obras. Apuntes, incluida en este volumen, es de 1986, mientras que Luces que a lo lejos, ganadora del Premio Internacional de Poesía Antonio Machado, es de 1993.
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lunes, 6 de octubre de 2008

Un poema de Jorge Money

El 17 de mayo de 1975 llamó Manés y dijo que estaba preocupada, porque Jorge no había vuelto a casa la noche anterior.
Extraña mezcla de economista y poeta, casado 29 años y una hija de 3, Jorge Money trabajaba en La Opinión. Pero él y nosotros nos reíamos porque no creíamos en la gloria del papel prensa. Apostábamos a otros papeles, como los que una semana antes que todo esto ocurriera, Jorge me había dado en una carpeta. Eran poemas.
Los compañeros empezamos a movilizarnos, pero nadie sabía nada.
El 19 de mayo de 1975, en un descampado cercano a las piletas de Ezeiza, Jorge Money apareció acribillado.
La triple A lo había asesinado. No alcancé a comentarle a Money, que el primero de los poemas tenía la forma del vientre embarazado de Manés. Cada vez que abro esa carpeta, él insiste en la locura de vivir. Y vive.

[Alberto Szpunberg]

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Poema sin título

Atiende:
si mi hijo
si nuestro hijo
fuera naciera sol o
luna homosexual poeta
o guerrillero ah si creciera
guerrillero ah si creciera
guerrillero o usurero al tanto %
o asesino oficinista vendedor de
peines en el subte o suicida flor
o cardo violador de tumbas o impasible
espectador del mundo comprensible padre de
familia actor de cine Rita Hayworth Tyrone Power
sacerdote verdugo militar terrorista puta carcelero
en la exacta mitad de tu ombligo te explico Manés que
si nuestro hijo recoge la bandera que dejamos o por
el contrario un ejemplo la olvida la traiciona la
veja la vende a razonable precio entendeme
si nuestro hijo mañana es muerto por ir más
allá de donde fuimos o por menos o por
error o por justicia o por lo que sea si
los muertos somos nosotros vos o yo o los
dos y él quien nos fusila de todos
modos Manés habremos ganado
porque la libertad es lo único que
debemos legarles a los demás
compañera amiga mía
no tiene mayor
relevancia.


[Del libro: PALABRA VIVA editado por la S.E.A]

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viernes, 22 de agosto de 2008

02 AROMITO agosto de 2008

Allá a lo lejos, puedes escuchar,
a un amor de primavera,
que anda dando vueltas...
que anda dando vueltas....
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número 02, agosto de 2008

EpA!

La poesía es siempre... Ahora, con vida y siempre...
Acerca de
Versos aparecidos de Carlos Aiub

Por Alberto Szpunberg *

1
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es rebelión. Aún la poesía más estructurada y “canónica”, aunque más no sea como una demostración por el absurdo, huele a rebelión. Sí, señores, ningún poder se siente tranquilo con la poesía, simplemente porque toda poesía, como mínimo, es alteración del orden. Del orden del discurso, del orden domesticado de las palabras, del orden del sentido común, que siempre es la ideología dominante y nunca es ninguno de los cinco sentidos, que son muchos más que cinco, siempre infinitamente más. ¿Qué dirigente de turno, de izquierda o de derecha –sí, también de izquierda– puede confiar en la seriedad de alguien que, en el peor de los casos, contando torpemente las sílabas con los dedos, habla, por ejemplo, en endecasílabos? ¿Qué comandante de izquierda o de derecha –sí, compañeros, también de izquierda– puede fiarse de alguien, un tal Carlos Aiub por ejemplo, que, en un cuaderno anillado, tiene la osadía de escribir: “la nada o un silencio total / algo que te reclama sin saber de dónde”? ¿Cómo sentirse tranquilo con alguien que, en plena represión, en plena caza del hombre, en pleno degolladero, en pleno desgarramiento de la carne y el cielo, en pleno aullido, escribe: “enjambre de estrellas colgadas como pueden”, para colmo, vaya insensatez, en un cuaderno anillado marca “Éxito”? Si lo hubieran intuido los militares, habrían sabido que, aunque triunfasen, su destino era le derrota... Pero los militares no intuyen; matan. Y esa es la ventaja de la poesía, que siempre vive y da de vivir. Nada que ver con el/lo uniforme...

2
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es luz, fuego que ilumina y entibia, dador de cobijo y alimento para los nómades, como lo son los poetas, que conjugan con un mismo verbo el ser y el estar. Como brasas, las palabras se arriman unas a otras, juegan a que son sustantivos, adjetivos, hasta onomatopeyas, y se amontonan, se amontoneran, se arriman, riman, y es un querer decir o un simple suspiro el que hace saltar la chispa y después, ya lo sabemos, es todo como si ardiese, rescoldos rojizos bajo el entrecano de las cenizas, lenguas de fuego agazapadas, dispuestas a bailotear, a la espera de nuevas palabras, sustantivos, adjetivos, hasta onomatopeyas, incluso esas que son puro silencio, hasta lograr decir lo que dicen, lo que siempre ardientes logran. Claro, ahora se entiende: ¿Qué mejor escondite –“berretín”, se decía entonces, compañeros– que un cuaderno anillado marca “Éxito” para ocultar tanto incendio? Ni el más experto coronel contrainsurgente hubiese sospechado jamás que el Plan Cóndor sería incapaz de desbaratar tanto ingenio. Si lo del Conde Lucanor fuese cierto, cosa que nadie duda, Carlos Aiub sería el pastorcito: “El rey está desnudo” o, mejor dicho: “Fue por vez primera esa mañana / en que alborozado vi caer un manojo de hojas / y comprobé en la calle / y presentí en el aire / y descifré en el apretujado canto de las aves / un reclamo de otoño esa mañana / o fue un reclamo simplemente / mezclándose la naturaleza de las cosas con mis ganas”.

3
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre aparición, en el sentido de que la verdad es siempre descubrimiento. Como la de los pañuelos blancos: aparición con vida. Leo: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Alguien, por primera vez en mi vida, que es toda la vida que poseo y me posee, alguien dice: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Muchas veces, yo, yo y muchos más que yo –acaso nosotros– dijeron: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Carlos Aiub, que fue quien lo dijo y aún lo dice, me/nos enseña a hablar, a desnudar/desanudar las palabras. Como si dijese que empecemos de nuevo eso de que “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. ¿Carlos Aiub? El 10 de junio de 1977, Carlos Aiub fue desaparecido por un grupo de tareas de la dictadura, o sea, tan borrado de la existencia como de la inexistencia. Sin embargo, ¿cómo es que Carlos Aiub dice lo que dice? Acaso no fue él, sino otro Carlos Aiub, porque es propio de poetas ser otros, otros que dicen, por ejemplo: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Río subterráneo, la poesía aflora a borbotones, de entre las grietas de la sequía, de entre las ruinas de la derrota, de entre los resquicios en que se resquebraja toda losa, todo cemento, todo poder, todo discurso. No, no creo que fue Carlos Aiub quien dijo “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Sí, fue él pero él que era otro, somos nosotros que somos ineludiblemente otros, fue el interlocutor de ese diálogo que es hasta el más solitario de los monólogos, fue el intérprete de una multitud de otros, o como se diga: de una época, de un tiempo, de una generación, de una “tristeza” que es la de siempre, de “una niña vestida de otoño” que también se llama Bea, de un “encuentro común aunque no la busco”... ¿Cómo se concilia un “encuentro”, para colmo “común”, con “que no la busco”? El genocida, que no tembló al perpetrar el crimen, ahora tiembla: el 10 de junio de 1977, Carlos Aiub desapareció para reaparecer: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Nada permanece impune: tampoco la frustrada desaparición de Carlos Aiub. ¿Un poeta? ¿Un subversivo? ¿Un militante? ¿Un cualquiera de nosotros, nosotros otros, otros Carlos Aiub?

4
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre “cada una de las formas aún difíciles de la libertad y la ternura”. Lo dice Carlos Aiub. Lo escribe. Y a mí me gusta leer lo que dice en la reproducción facsimilar de las páginas manuscritas de su cuaderno anillado marca “Éxito”. Quizá porque la letra de molde tiene pretensiones de eternidad. La otra letra, la bien llamada de puño y letra, en cambio, registra el temblor de una mano que dibuja, sobre las hojas en blanco de un cuaderno anillado marca “Éxito”, lo que los labios aún murmuran, a medias entre la música y el lenguaje o, más propiamente, como el eco de una voz que apenas se desprende del silencio, pero que ya no puede callar ni ser acallada. La letra manuscrita de Carlos Aiub brota del renglón como los hilos de pasto brotan de la tierra, ligeramente inclinados hacia la izquierda, como si un aire fresco y promisorio los empujara desde los Andes hacia el mar, sin llegar a enmarañarlos nunca. ¿Crece así ahora el pasto de la línea de sus huesos? ¿Algún pasto en algún lugar donde sus algunos huesos, como su poesía, alimentan la tierra y le dan a la vida de brotar? Como puñaditos de tierra arrojados sobre la página del cuaderno anillado marca “Éxito”, hay dos palabras tachadas. Luego el texto sigue: “el asombro”. En ese momento, algo le dijo a Carlos Aiub que ante el asombro, otras palabras sobraban. Y el poema termina: “para alcanzar el encuentro y el asombro / para no perderlos nunca”. De eso se trata.

5
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre la palabra en su estado de mayor apertura: parafraseando al mandamiento, el poeta habla al prójimo como a sí mismo. Los poemas de Carlos Aiub no hablan, sino que nos hablan, y leerlos es escuchar a alguien que nos habla. Por ejemplo:
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– ¿Más allá del tiempo?
– “Digo de antes de cuando recién me asomé apenas llegado de ahora”...

_ ¿Más allá del miedo?
– “Te cuento de las flores aquellas que decidimos un día cuidar juntos / y tengo miedo de no verlas”...
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– ¿Y la muerte?
– “Cuando llegue la muerte y te tome desear estar en otra cosa / que te tome y no temer / como forma de escaparte lejos por un rato”...

– ¿Y la vida?
– “Y te aferrás a la vida con todo /porque querés vivir simplemente para ver cuando al final la vida viva”...

– ¿Y el dolor, Carlos, y el dolor?
– “El nuevo dolor lo pensás más tarde”...

– ¿Y la poesía?
– “Sentarse a escribir y pensar en algo / en muchos algos a la vez”...

– ¿Y el futuro, Carlos?
– “Una noche de verano cualquiera / lenta con los ruidos que vienen de la calle fresca”...

6
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre. Como los Versos aparecidos de Carlos Aiub. ¿Carlos Aiub? Sí, ahora y siempre. ee

El Masnou, 25 de septiembre de 2007.


* Alberto Szpunberg es licenciado en letras, nació en 1940 en Buenos Aires. En 1973 se desempeñó como director de la carrera de Lenguas y Literaturas Clásicas y profesor de Literatura Argentina y Medios de comunicación y literatura en la Universidad de Buenos Aires. Fue redactor del diario La Opinión de Buenos Aires y dirigió su suplemento cultural de 1975 a 1976, cuando se exilió en Barcelona. Desde 2001 es profesor de Literatura y Política en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo.