lunes, 30 de abril de 2012

José María Pallaoro – A Madres de Plaza de Mayo


CEIBO



Las Madres machacan
en el mortero de la verdad
los despojos de la corteza
y cuecen el fruto
para soportar la herida
y preservar la memoria

Pronto florecerán en racimos
sus flores de abrasador carmín


1985, de "En medio de la lluvia".


.
En: “Setenta y 4”, el suri porfiado, 2011.
JMP es administrador de este blog, Aromito.
Ilustración: tapa y contratapa de “Setenta y 4”. 
Daniel Santoro, Lucha de clases I. Carbón sobre papel, 150 x 140 cm., 2007/8.

domingo, 29 de abril de 2012

Moris – Necesito un golpe de suerte


NECESITO UN POCO DE SUERTE


Necesito un golpe de suerte
en este día gris de la ciudad.
Necesito un golpe de suerte,
para que todo se pueda arreglar.

No hay dinero en la caja fuerte,
ni en el bolsillo de mi pantalón,
muchas promesas, dinero y trabajo,
pero el tiempo no me va a esperar.

Necesito un golpe de suerte,
no es que yo no quiera trabajar,
si no viene ayuda del cielo
no sé dónde iré a parar.

Hoy mamá me habla del dinero
y mis amigos también andan mal,
y para colmo la casa de empeño
guitarras viejas no quiere aceptar.

Necesito un golpe de suerte,
para que todo se pueda arreglar.

Necesito un golpe de suerte,
para que todo se pueda arreglar.

Yo necesito, ahora mismo, necesito
un golpe de suerte,
para que todo se pueda arreglar.

(corito de sol)


En LP “Mundo moderno”, 1980.
Mauricio "Moris" Birabent, Buenos Aires, 19 de noviembre de 1942.

sábado, 28 de abril de 2012

Roberto Fernández Retamar – Y porque después de todo, compañeros, quién sabe si sólo los muertos no son hombres de transición


USTED TENÍA RAZÓN, TALLET: SOMOS HOMBRES DE TRANSICIÓN


Entre los blancos a quienes, cuando son casi polares, se les ve circular la sangre por los ojos, debajo del pelo pajizo,

Y los negros nocturnos, azules a veces, escogidos y purificados a través de pruebas horribles, de modo que sólo los mejores sobrevivieron y son la única raza realmente superior del planeta;

Entre los que sobresaltaba la bomba que primero había hecho parpadear a la lámpara y remataba en un joven colgando del poste de la esquina,

Y los que aprenden a vivir con el canto “marchando vamos hacia un ideal”, y deletrean Camilo (quizá más joven que nosotros) como nosotros Ignacio Agramonte (tan viejo ya como los egipcios cuando fuimos a las primeras aulas);

Entre los que tuvieron que esperar, sudándoles las manos, por un trabajo, por cualquier trabajo,

Y los que pueden escoger y rechazar trabajos sin humillarse, sin mentir, sin callar, y hay trabajos que nadie quiere hacerlos ya por dinero, y tienen que ir (tenemos que ir) los trabajadores voluntarios para que el país siga viviendo;

Entre las salpicadas flojeras, las negaciones de San Pedro, de casi todos los días en casi todas las calles,

Y el heroísmo de quienes han esparcido sus nombres por escuelas, granjas, comités de defensa, fábricas, etc.;

Entre una clase a la que no pertenecimos, porque no podíamos ir a sus colegios ni llegamos a creer en sus dioses,

Ni mandamos en sus oficinas ni vivimos en sus casas ni bailamos en sus salones ni nos bañamos en sus playas ni hicimos juntos el amor ni nos saludamos,

Y otra clase en la cual pedimos un lugar, pero no tenemos del todo sus memorias ni tenemos del todo las mismas humillaciones,

Y que señala con sus manos encallecidas, hinchadas, para siempre deformes,

A nuestras manos que alisó el papel o trastearon los números;

Entre el atormentado descubrimiento del placer,

La gloria eléctrica de los cuerpos y la pena, el temor de hacerlo mal, de ir a hacerlo mal,

Y la plenitud de la belleza y la gracia, la posesión hermosa de una mujer por un hombre, de una muchacha por un muchacho,

Escogidos uno a la otra como frutas, como verdades en la luz;

Entre el insomnio masticado por el reloj de la pared,

La mano que no puede firmar el acta de examen o llevarse la maldita cuchara de sopa a la boca,

El miedo al miedo, las lágrimas de la rabia sorda e impotente,

Y el júbilo del que recibe en el cuerpo la fatiga trabajadora del día y el reposo justiciero de la noche,

Del que levanta sin pensarlo herramientas y armas, y también un cuerpo querido que tiembla de ilusión;

Entre creer un montón de cosas, de la tierra, del cielo y del infierno,

Y no creer absolutamente nada, ni siquiera que el incrédulo existe de veras;

Entre la certidumbre de que todo es una gran trampa, una broma descomunal, y qué demonios estamos haciendo aquí, y qué es aquí,

Y la esperanza de que las cosas pueden ser diferentes, deben ser diferentes, serán diferentes;

Entre lo que no queremos ser más y hubiéramos preferido no ser, y lo que todavía querríamos ser,

Y lo que queremos, lo que esperamos llegar a ser un día, si tenemos tiempo y corazón y entrañas;

Entre algún guapo de barrio, Roenervio por ejemplo, que podía más que uno, qué coño,

Y José Martí, que exaltaba y avergonzaba, brillando como una estrella;

Entre el pasado en el que, evidentemente, no habíamos estado, y por eso era pasado,

Y el porvenir en el que tampoco íbamos a estar, y por eso era porvenir,

Aunque nosotros fuéramos el pasado y el porvenir, que sin nosotros no existirían.


Y, desde luego, no queremos (y bien sabemos que no recibiremos) piedad ni perdón ni conmiseración,

Quizá ni siquiera comprensión, de los hombres mejores que vendrán luego, que deben venir luego: la historia no es para eso,

Sino para vivirla cada quien del todo, sin resquicios si es posible
(Con amor sí, porque es probable que sea lo único verdadero).

Y los muertos estarán muertos, con sus ropas, sus libros, sus conversaciones, sus sueños, sus dolores, sus suspiros, sus grandezas, sus pequeñeces.

Y porque también nosotros hemos sido la historia, y también hemos construido alegría, hermosura y verdad, y hemos asistido a la luz, como hoy formamos parte del presente.

Y porque después de todo, compañeros, quién sabe

Si sólo los muertos no son hombres de transición.




De: “Buena suerte viviendo” (1962-1965). En: “Poeta en La Habana. 
Selección e introducción José María Valverde”, Editorial Laia, Barcelona, 1982.
Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930).
Foto: AIN, La Jiribilla

jueves, 26 de abril de 2012

Iris Alejandra Giménez – El aire húmedo de este otoño


TIEMPO DE SAL


“la llama flamea
frente a los ojos de la ciega.
Es tiempo de sal”

/

el pensamiento
junto a la madre a quien
le mataron el hijo
arrastra los pies
de la madre / no ve
el cielo azul / no respira
el aire húmedo de este otoño


/

el pensamiento nunca se va,
es un duelo sin aristas.
La madre ya no es
y es pensamiento


/

a la madre se le secaron las lágrimas
/ no es metáfora / tiene los ojos secos
la piel seca / la sangre
le pide salir.
A un costado de su cuerpo
tiene
clavado al hijo


/

la sal detiene el tiempo
lo seca
hasta convertirlo en un pensamiento,
una lápida


/

qué hacer
qué sentir
cómo
hasta cuándo
con qué / parte del cuerpo que falta


/

la madre marcha en silencio.
Aturde


/

el pensamiento atraviesa
el cuerpo de la madre
la lleva puesta
en su pecho de pancarta.
Que todos sepan:
le mataron el hijo


--

En el nombre del hijo
que dejó un silencio
lleno de flores / otros hijos



Para Atahualpa Martínez. 
Asesinado en Viedma el 15 de junio de 2008.


Del tríptico “Poemas”, Viedma, 2012.
Iris Alejandra Giménez nació un 26 de mayo, 
vive en Viedma, poeta. 
Foto: FB.

Roberto Fernández Retamar – Esa luz en la noche


POR UN INSTANTE


Esa luz en la noche,
¿Será un reflector nuestro?
¿Será un arma de ellos?

(Por un instante
Había olvidado
Que hay en el cielo luna, que hay estrellas.)




De: “Buena suerte viviendo” (1962-1965). En: “Poeta en La Habana. 
Selección e introducción José María Valverde”, Editorial Laia, Barcelona, 1982.
Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930).
Foto: AIN, La Jiribilla

miércoles, 25 de abril de 2012

Joaquín Giannuzzi – E = m c ²



E = M C ²


Einstein abrió la ventana
hacia la noche clara de verano.
El universo era demasiado
aún para un hombre como él.
Qué difícil meterlo en el cerebro;
los delicados muros
del cráneo le rompía, estremeciendo
los agudos, dramáticas finales
de los restantes huesos.
Extrañamente en ese andar había leyes,
pero la Ley era un escándalo secreto
una remota lucidez
cuyo sentido estaba huyendo
desde cualquier lugar hacia ninguno.
Se reveló, no obstante,
por gracia de este hombre
que abría su ventana hacia la noche,
una posible síntesis terrestre:
cabía en cuatro cifras tan culpables
que hacían sospechosa la inasible
profundidad del cielo: la muerte
quedaba desde entonces liberada
como esencial finalidad del cosmos.




De: “Contemporáneo del mundo”, 1962. En: “Obra poética”, Emecé, 2000.
Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 – Salta, 2004).

Ilustración: En 1946 la reconocida revista Science Illustrated 
invitó a escribir a AE un artículo sobre su formula en relación a la era nuclear. 
Einstein tituló su trabajo: "The Most Urgent Problem of Our Time."

martes, 24 de abril de 2012

Roberto Fernández Retamar – Este poeta delicado



QUERRÍA SER


Este poeta delicado
Querría ser aquel comandante
Que querría ser aquel filósofo
Que querría ser aquel dirigente
Que guarda en una gaveta con llave
Los versos que escribe de noche.


De: “Que veremos arder” (1966-1969). En: “Poeta en La Habana. 
Selección e introducción José María Valverde”, Editorial Laia, Barcelona, 1982.
Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930).
Foto: AIN, La Jiribilla

Roberto Fernández Retamar – Absurda la idea de que sólo puedes escribir sobre lo que te ha ocurrido



DEBER Y DERECHO DE ESCRIBIR SOBRE TODO


Absurda la idea de que sólo puedes escribir sobre lo que te ha ocurrido
(Lo pequeño, lo ínfimo que le ha ocurrido a ese cuerpo, a esa vida entre sus fechas),
Como si todo no te hubiera ocurrido, como si
Hubiera una tarde que no cayera para ti,
Como si todos los imperios destruidos, aventados por los desiertos, devorados por las selvas,
No hubieran conducido hasta ti;
Como si el más lejano astro, extraviado al borde del universo,
Y también los astros que hoy ya no existen,
Y las nebulosas pensativas,
No hubieran trabajado, sabiéndolo o sin saberlo,
Para ti, para este instante, para este poema
Que se escribe gracias al aliento exhalado por Miranda o por Jenofonte,
Con un trozo sobrante de Casiopea.



De: “Que veremos arder” (1966-1969). En: “Poeta en La Habana. 
Selección e introducción José María Valverde”, Editorial Laia, Barcelona, 1982.
Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930).
Foto: AIN, La Jiribilla

lunes, 23 de abril de 2012

Roberto Fernández Retamar – Poemas demasiado breves


POEMAS DEMASIADO BREVES

explicación

Siempre quise escribir un poema
Tan breve
Como aquel de Machado:
“Hoy es siempre todavía”;
O incluso
Como aquel de Ungaretti:
“M’illumino
d’immenso”;
Pero ya ven:
Me pierdo en explicaciones.


un nombre de mujer

Un nombre de mujer es un largo viento de aes
Con apenas alguna delgada rayadura.


un hermano

¿Verdad, Antonio
Machado,
Que un hermano
Debe llamarse
Manolo O algo así?


la voz humana

Tú que no oíste a un avión gemir en la profunda noche,
No llegaste a saber de qué era capaz la voz humana.


habla la piedra

¿Cuál de ustedes va a decidirse al fin y recogerme?
No le hagan caso a ese arameo: ¡Arrojadme ya, miserables!


el suicida

No tener semanaqueviene.


soliloquio del calvo
Qué adelantada llevo la calavera.


resollando por la herida

(Falta el poema.)



.
De: “Buena suerte viviendo” (1962-1965). 
En: “Poeta en La Habana. Selección e introducción José María Valverde”, 
Editorial Laia, Barcelona, 1982.
Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930).
Foto: AIN, La Jiribilla

domingo, 22 de abril de 2012

Rodolfo Alonso – Historia de Juan Antonio Vasco



HISTORIA DE VASCO


Es con profunda, tocante emoción que recibo la anhelada y bienvenida noticia de que Ediciones En Danza, de Buenos Aires, va a lanzar finalmente en 2012 la poesía completa de Juan Antonio Vasco (1924-1984). No sólo porque, como les consta a su mujer y a sus dos hijas, hace ya mucho tiempo que aquí y allá, donde y cada vez que pude, venía insistiendo en la imperiosa necesidad de hacerlo. Sino también porque, en todos los ámbitos de nuestra lengua, pero sobre todo en aquellos donde se produjo y donde se incluye: Argentina y Venezuela, la palabra vivaz y honda, vivificante y tañedora de este gran poeta latinoamericano, precisamente hoy debía volver a preñar el castellano con su timbre tan legítimo, con su tonada en que confluyen resonando el Plata y el Caribe.

Ya me había resultado particularmente alucinante tener que enfrentarme por escrito, en aquel panorama antológico de Juan Antonio Vasco que fue titulado como uno de sus mejores poemas: Déjame pasar (Último Reino, Buenos Aires, 1988), con el amigo ya muerto que sin embargo sigue viviendo, hablando, mirándome y gesticulando desde nuestra propia memoria, literalmente desde su imagen todavía activa y movediza, indeleblemente grabada en el fondo de nuestras retinas.

            Extraño fue entonces para mí toparme hecho lectura a un Juan Antonio Vasco que dentro mío conservo tan vivo y fresco como cuando lo conocí, apenas poco tiempo antes de su primera larga estadía en Venezuela, o cuando volvió de allí, unos diez años después, antes de comenzar a caer postrado en su trágico lecho de enfermo, donde lo esperaba otro largo viaje, quizás hacia sí mismo. Era unos diez años mayor que yo, pero esa distancia no existía en mi trato con él, a la vez exigente y fraternal. Al envío de mi cuarto librito, allá por 1959, respondió con unas líneas donde adoctrinaba amistosamente algo así como: “Desmelénate, chico. A ver qué barro arrastras”. Es que ya había dejado Chascomús y tomado contacto con el surrealismo porteño. Pero esas palabras suyas, a la vez toda una estética (y también toda una ética), nos testimonian y nos adelantan que su sincera adhesión a los postulados de André Breton y sus amigos no era en absoluto, de ningún modo, apenas intelectual.

            El choque de aquella imagen íntima, privada, con el redescubrimiento que supuso entonces aquella antología preparada por Ricardo Herrera, fue capaz de producirme ciertas reverberaciones que quizá superaban, intuyo, el caso particular. Porque la palabra escrita, la palabra poética (y muy especialmente esta palabra), no es por supuesto meramente el reflejo, digamos especular, de una personalidad. No es, apenas, un instrumento, y mucho menos un utensilio. Aun para quien no acepte que el lenguaje tenga una vida propia, y se niegue entonces a imaginar que podamos ser nosotros su instrumento y no sólo a la inversa, difícil será negarse a la evidencia de aquello a lo que tan bien aludió el límpido Pedro Salinas: que el lenguaje tira de uno.
 
Y ya que estamos hablando de surrealistas, recordemos que la ortodoxia de ese movimiento quiso liberarse de los imperativos de la razón e imaginó –Breton dixit un “automatismo psíquico puro” que permitiría la libre expresión del inconsciente. Pues bien, tal automatismo entonces considerado archi-revolucionario, a mi modesto entender no deja de seguir considerando al lenguaje como un instrumento, en este caso del inconsciente en lugar de la razón. Pero, a la vez, también resulta llamativo que, en una literatura como la argentina, donde prácticamente no ha tenido asidero el llamado “realismo mágico”, haya sido de los integrantes del pequeño grupo filosurrealista de donde surgieron voces tan hondamente, tan íntegramente latinoamericanas como las de Enrique Molina, Francisco Madariaga o Juan Antonio Vasco. Así como no es menos llamativo que, en todos ellos, cada cual a su modo, el esplendor de los paisajes soñados o entrevistos se haga uno, se haga carne en el esplendor de los lenguajes, orgánicamente espontáneos y, sobre todo para el caso de Vasco, sabiamente, sagazmente populares, en el mejor sentido.

            Aquella selección de 1988, que creyó conveniente dividir su contenido entre poemas, cuentos, ensayos y traducciones (coincido en que no he leído mejor traducción castellana de Gottfried Benn), además de su loable intento (que recién ahora se va a cumplir en plenitud) de poner en circulación la personalidad de un poeta absolutamente singular y a la vez también significativo como vimos de ciertas actitudes más generales, ostentó asimismo otros méritos. Que comenzaban directamente por Historia de Vasco, título homónimo de aquel drama del luminoso Georges Schehadé que tan bien le sirvió allí a Herrera, en un lúcido hallazgo, (y me sirve ahora a mí) para denominar igualmente a su atinada introducción. En la que seguía en gran medida el itinerario vital de nuestro poeta: su infancia de huérfano a quien llevan a vivir al campo, su adolescencia en Chascomús, el encuentro con los surrealistas porteños, los diez largos años en Venezuela, esa larga y lenta agonía de su maldita enfermedad (sobrellevada con tanta entereza, con tanto valor, realmente ejemplares).

            Algunas claves se acentúan cuado vuelvo a leerlo: en primer lugar, la honestidad absoluta –doy fe--, la absoluta inocencia con que Vasco vivió y nunca trató de ocultar sus contradicciones (esas contradicciones que alguna vez comparé con señales de estar vivo), principalmente entre las antónimas poesía y publicidad, sin duda como agua y aceite para quien adhiriera al ideario surrealista que, bien sabemos, no era revolucionario apenas en literatura, y el ejercicio de altos cargos directivos en una desmedida multinacional. Pero también, y de un modo cabalmente relevante, su fidelidad, su pasión, su entrega a esa dicha del lenguaje que la poesía es según Wallace Stevens (su hermano también en contradicciones similares). Si Vasco inicia su producción en forma magistral a través de las formas clásicas castellanas, y aunque después tomara caminos bien opuestos, también es verdad que nunca las despreció, especialmente en el sentido de que él sabía que no debían considerarse una finalidad, sino un medio. Uno de los instrumentos posibles para ese verdadero fin que es el lenguaje, el genio de la lengua que tanto le conmovió a él mismo descubrir vivo y contagioso en su itinerario latinoamericano, y sobre todo en su contacto tan fraternal con el pueblo venezolano.

            Si hoy puedo continuar afirmando que, especialmente su imborrable Hay que pagar, pero también su sintomático Prohibido pasar, me siguen pareciendo absolutamente  imprescindibles cuando se quiera hacer una muestra certera de la poesía latinoamericana contemporánea, bien sabemos que ello no es así tan sólo por sus evidentes, inclusive sonoros hallazgos verbales, por sus peculiares logros digamos estilísticos (que los tiene, y muchos), sino también por la forma en que, al hacerlo, allí quedan encarnados asimismo de manera inefable, indiscernible, su denuncia del hambre y la injusticia que soportaron y aún soportan tantos humildes de estas tierras, aquella otra idea de la poesía que “se hace negación de la iniquidad” que enarbolara nada menos que Baudelaire. Belleza que es verdad, y también viceversa, la palabra de Juan Antonio Vasco no seduce, enuncia; no propone, no discurre: evidencia. Como la indeleble “rosa de fuego” que él supo entrever y enaltecer también en don Antonio Machado, el fuego de su verdad y el fuego de su belleza vivirán hechos uno en el poema logrado, seguirán viviendo en otros, en quienes sean dignos de ellos.



Juan Antonio Vasco (Buenos Aires, 1924-1984).

Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934). Poeta, traductor, ensayista.
Foto: JAV, archivo Carmen y Clara Vasco.

Luis Alberto Spinetta – Los veo partirse desde mi boca fresca



ZAGUÁN


Pasan los euclidianos 
satisfechos de su mérito. 
Pasan los atormentados platónicos. 
Los adormilados y hasta los imbéciles.

Todos consumen sombra y contornos. 
Los veo partirse desde mi boca fresca. 
Luego, uno de ellos tira del hilo y dice:

¡Pasan tiempos irreales!




De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  Poema Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: detalle tapa libro, Jmp.

sábado, 21 de abril de 2012

Luis Alberto Spinetta – Los locos corren por el pasto



LOS LOCOS


Los locos corren 
por el pasto sin gritos 
por la pradera venenosa 
y por la piel, entre la luna.

Y los locos giran 
sin temor al mareo. 
De la casa al árbol, 
de la ayuda al horror.

Cuando uno de los locos hable, 
los cuerdos, retozando en la penumbra, 
oirán el ruido 
y verán las verdades.

Los locos que parecen aprisionados 
por la muerte selecta del escándalo 
tienen pechos rugosos 
y bordeados de lumbre. 
Y los locos lo saben.

Desde su atónito lenguaje, 
por intersticios de meninges espectaculares, 
los locos se precipitan 
a paralizar el mundo de la muerte. 
Aunque más no sea, 
para sentarse a llorar.

No hay soles en sus días 
Y en sus noches 
sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado.

Por eso, 
y porque la ventosa de fuego 
rebalsa de temor 
ante la fantasía de los sanos;
el obturador de los locos está presto 
como una lanza.
Y al perforarnos de una vez 
con una certera puntada entre la vida y el cielo...



De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: tapa de libro, Jmp.

viernes, 20 de abril de 2012

Rubén Vedovaldi – Si es verdad lo que dices



ÁCIDO SUEÑO


Si es verdad lo que dices
querido john
y por qué no creer lo que tan 
amargamente confiesas 
cuando despiertas gritando:
el sueño acabó...



Si es verdad lo que cuentas
john wiston lennon, muchacho celoso, 
joven neurotizado y con razón, 
hijo de padre borracho y madre abandónica, 

chico de provincia que quiso ser
tan famoso como Elvis (pero sin mover la pelvis)
y tuvo la desgracia de serlo 
infinitamente más;

si es verdad que cuando solamente conocías 
la coca cola y la cerveza
como tantos,
un imbécil hijo de puta 
puso una droga poderosa en tu copa
y sin saberlo te la bebiste y te dio vuelta
y no te dieron tiempo a volver
y te arrojaron con tu banda exitosa
a ser los músicos de la genialidad alucinada
oigan
más famosos que Cristo 
miren como luce Lucy 
en un cielo con pepas como diamantes
los geniales dopados en gira mágica
compren...

ea,
porque tu fuiste de los primeros en vender , 
sin querer,
esa imagen ejemplo de la cultura psicodélica y fuiste
el primero en despertar para decir
El sueño ha terminado 
y nadie te escuchó
El sueño ha terminado
Ha terminado...

Pero miles quisieron tapar tu boca
para seguir currando del sueño engaño
porque ha dado dinero a más de cuatro 
productores ladrones y a más de ocho
paparazzi de vendo cualquier escándalo 
y ha dado tanta fácil buena vida
autos mansiones fortunas
a tantos 
que nadie quiere que el sueño termine
aunque ese sueño mate y no de amor...

Porque los unos ganan vendiendo muerte 
vendiendo escándalo 
Los diseñadores de moda ganan
Las grandes tiendas 
Los de las radios los de las casas de disco y video 
Los de las casas de música ganan 
los hoteleros los pubs las diskos
prostitutores infantiles ganan...

Nadie quiere que el loco despierte 
y diga: BASTA. 
Yo solamente quería hacer rock and roll...

Si es verdad que despertar 
convocando a la paz, 
convocando al amor y no a la guerra
se paga con que te matan cinco balazos 
querido john,
entonces a desconfiar de colores locos
john
no me gustan las ropas raras ahora;
me cansé de esos raros peinados nuevos
john

Y yo quiero muchachos que estudien 
música en serio
o dibujo o pintura o medicina
en serio
Y no borrachos que vomitan cuadros
o drogadictos que llenan estadios
y ni recuerdan después lo que pasó

Prefiero adolescentes del aire puro 
chicas de vida sana 
pariendo hijos sanos y no zombies
quiero que paren en serio esa máquina
del puto tráfico de éxtasis bélico
tapado por el ruido y los flashes 
de tanta extraña música ¿oyes, john?


Si es así como dices
viejo,
y por qué no creerte, 
que aquel sueño del ácido ha terminado, 
no quiero reventar por sobredosis
No quiero ver morir por sobredosis 
a nadie, a nadie más, 
okey?

Si es verdad lo que dices
no te mueras en sangre aunque disparen.
Vuelve a nosotros desde donde estés
No dejes de cantarnos o gritarnos

All you need is LOVE 
LOVE is all you need

Porque el sueño del ácido 
john querido,
o la pesada pesadilla de las guerras 
ha terminado
Escuchen
Ha terminado
Tiene que terminar

¿Te escuchan, john?


EpA!
Rubén Vedovaldi (Rosario, Argentina, 1 de julio de 1951).
Poeta.
Foto: Tomada un día antes de que Lennon fuese asesinado. 
Annie Leibovitz había fotografiado a Lennon diez años antes, 
cuando apenas comenzaba a trabajar para la revista Rolling Stones.

Luis Alberto Spinetta – Por eso, en la feria, mediocre, el insulto es primero




EN LA FERIA


Temible multitud 
hombres avanzando 
espacios muertos. 
La delicia implacable 
atrayendo cuerpos contagiosos.

Sobornados para no protestar 
se reducen unos a otros 
en la indescifrable grieta.

Pétalos serenos 
agitan su temblor aguafuerte, 
respirados por ciénagas. 
Respirados ellos: 
¿Por qué tiemblan?

La curva colosal 
de un ave rápida 
y el silencio todavía más vivo 
estallarán al amanecer.


*   *   *


La curva terrena 
es una esfinge 
corrida en el oasis 
por la lengua sedienta 
que nunca intentó perdurar.
Parlanchines los cometas y el gentío. 
Toboganes oidores del desecho. 
Por eso, en la feria, 
mediocre, el insulto es primero.



De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  
Poema Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: tapa de libro, Jmp.

jueves, 19 de abril de 2012

Silvia Loustau – En un cesto guardó la locura




I

en un cesto guardó la locura
vistió sayo de días lúcidos
miróse en antiguo azogue.
a quién llamar
a quién llamar desde el camino
preguntó.

silencio .


IV

no  escucho el mar
no barre el viento
azotador de aguaceros
no flota la gaviota
como una cresta de espuma
ni levanta sus alas lentas .

la tarde pasa  bajo la fusta de la lluvia
inmóviles
los tilos   los niños   las flores.
la madrugada    la luna .
los  cormoranes
ávidos como el amor
alrededor de la basura
abandonada por  las olas.

vivo aquí.


VI

ciudad
de  niebla
de lápidas.
ciudad
que espera en los muelles.

grávidas mujeres
velan los barcos
de los conquistadores.
anochecen
entre rumores y zozobras
entre cuentas de rosarios negros.
sentadas
en los acantilados

esperan
la ensimismada
respuesta del mar.



En: “De mar y madres”, Editorial Martín, 2010.
Silvia Loustau, nació en Mar del Plata, Argentina, un 21 de agosto. 
Poeta y traductora.

Silvia Loustau – Mira el espejo una niña



IX

mira
el espejo
una niña
juega en un jardín.
                        se vuelve
la observa
                          envejecer.


XVIII

recogían  piedrecitas
sagradas
y con la luz natural
del aire y la memoria
dibujaban
las letras del tiempo
escribían
sus nombres
en  el espejo.


XXIII

ensombrece el miedo.
palabras guardadas en cestos secretos.
palabras sembradas
en las  quintas de Magdalena.
salvadas del hurto
de la hoguera.

guardadas como un mea culpa.

palabras
letanías
hoy brillan
junto a las manzanas
que están permitidas morder.



En: “De mar y madres”, Editorial Martín, 2010.
Silvia Loustau, nació en Mar del Plata, Argentina, un 21 de agosto. 
Poeta y traductora.